Las Alarmas se Encienden en la Economía Chilena

Tras un largo período de expansión económica, Chile se prepara para enfrentar la global. ¿Estamos tan blindados?

Por Iván Colodro
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El viernes 12 de septiembre los operadores de la Bolsa de Comercio de Santiago iniciaron un relajado fin de semana. El mercado se había ido a descansar con una sonrisa en la boca: el índice IPSA había anotado un saludable aumento de 2,2%, jornada antecedida por un período de relativa calma. No había nubes negras en el horizonte. Al menos no de tormenta. Con ese ánimo, nada hacía presagiar que sería el último día antes de que se declarara uno de los peores huracanes sobre la economía mundial. Uno de tal fuerza que en 48 horas se llevó por los aires al legendario banco de inversión Lehman Brothers y dejó sostenida con recursos públicos a AIG, la mayor aseguradora del mundo. Y el mismo que todavía parece tener el apetito suficiente como para devorar un par más de bancos maltrechos en ese país. Ese día, en que cernió sobre los cielos del sistema financiero internacional y sobre toda la economía, una nube tan tóxica como las hipotecas subprime –y que según los cálculos más optimistas tardará 18 meses en disiparse–, en Santiago el sol prometía salir al día siguiente.

Pero lo que no se prevé con tiempo se debe aprender a golpes. Desde que el lunes 15 de septiembre los mercados bursátiles comenzaron a operar con cemento en los pies, luego de un fin de semana de vigilia nerviosa, en Chile las preguntas han sido recurrentes: ¿qué impacto tendrá todo este desastre sobre nuestra lejana economía? ¿Qué tan resistente es el blindaje con el que las autoridades económicas suelen arrullar al sector privado? Aunque existe consenso en que Chile nunca había enfrentado un escenario adverso en mejor pie que en esta ocasión, hoy tampoco hay quienes seriamente aseguran que no habrá un resentimiento más que moderado de la actividad. Incluso, no son pocos los que hablan de que el próximo año habrá más angustias que alegrías.

Así, es claro que Chile está expuesto al virus de las “vacas flacas”. Pero eso podría no tener mayor importancia. Lo que sí debe preocupar es con qué fuerza se va a manifestar la enfermedad. “Hay que ver los canales a través de los cuales se transmiten los impactos de una crisis como ésta. Estos son básicamente tres: desaceleración económica mundial, que reduce la demanda por nuestros productos; precio de las materias primas –que está relacionado con lo anterior, pero de manera imperfecta–; y menores flujos de capitales”, dice Harald Beyer, economista del Centro de Estudios Públicos (CEP). “No veo un sector particularmente vulnerable, aunque la moderación en la expansión en la demanda agregada que van a traer las mayores restricciones crediticias y las alzas en las tasas de interés, entre otros factores, seguramente van a impactar al comercio y la construcción en una mayor proporción”.

Algunos síntomas relacionados con estas vías de contagio ya son visibles al ojo desnudo. De hecho, una serie de indicadores de actividad están mostrando señales de debilitamiento que no toleran discusión y que ponen en duda la continuidad de uno de los más largos y sólidos períodos de bonanza de la historia económica chilena. Un panorama que en conjunto ha hecho que repetidamente sea corregido el pronóstico de crecimiento para este año y que hoy lo sitúa, en los casos más optimistas, en torno al 4%.

De todas las señales, las más sensibles –y trágicamente las más marcadas– son la caída en las ventas de las cadenas de retail y supermercados, el sobrestock de viviendas nuevas y la desaceleración en las colocaciones de créditos de consumo.

Carrito vacío

De todas las alarmas, una de las que ha sonado más fuerte es la desaceleración en las ventas del comercio. Durante los primeros siete meses del año, el sector acumula en promedio un escuálido crecimiento de 0,2%, según cifras de la Cámara Nacional de Comercio (CNC). Sólo en la Región Metropolitana las ventas minoristas disminuyeron 4,6% durante julio, versus el mismo mes de 2007. ¿El principal responsable? La peor escalada inflacionaria en años y que obligó a mediados de septiembre al Banco Central a corregir agresivamente su pronóstico para 2008 desde 4,7% a 8,5%.

Pero si los números promedio son malos, el análisis por segmento de productos es aún más preocupante. Mientras que las ventas de la llamada línea tradicional supermercados –que incluye alimentos perecibles y abarrotes– muestra la peor caída: 11,2%, comparado con igual mes de 2007, las líneas de muebles, hogar y electrónicos se han convertido en el bastión que mantiene el ritmo del sector –con crecimientos de 5,2%, 6,3% y 7,4%, respectivamente, versus julio de 2007. Estas líneas de productos son las más ligadas a los créditos de consumo, por lo que, en caso de una brusca caída en sus colocaciones, deberían acusar el golpe con rapidez, dejando a los retailers sin base de sustentación. De hecho, algo de eso ya está comenzado a notarse, aunque no con demasiado dramatismo: según el informe mensual de la Asociación de Bancos e Instituciones Financieras (ABIF), durante julio la colocación de créditos de consumo para personas disminuyó 0,82%, comparado con el mes anterior. “Las cifras del comercio están dando señales de que los presupuestos de las familias están más apretados y eso está impactando al sector”, dice Franco Parisi, vicedecano de la Escuela de Negocios de la Universidad de Chile. “La Bolsa siempre se adelanta y la caída de las acciones del sector comercio es prueba de ello”.

Para el académico existen otras razones que están haciendo la situación del comercio aún más dura. “La modificación que iguala el sueldo base al sueldo mínimo daña las perspectivas del sector”, dice Parisi. “Eso, sumado a la caída en las ventas, configura un mal panorama”. Los ejemplos están a la vista. De su peak a comienzos de diciembre del año pasado, los títulos de Ripley han caído más de un 50%. Lo mismo D&S, que de octubre de 2007 a la fecha ha visto hundirse el precio de sus acciones más de 30%.

Con este panorama en la ruta, sería suicida no pisar el freno. Eso lo sabe de sobra el generalmente optimista Hörst Paulmann, presidente de Cencosud, quien hace pocos días debió asumir lo inevitable: reducir sus inversiones dado el incierto panorama futuro. “Todas las empresas están obligadas a reducir sus planes de inversión y a buscar la forma de consolidar lo que han construido en los últimos años”, dijo en una conferencia el empresario alemán.

Si es cierto que cuando llueve todos se mojan, cuando hay tormenta es aún peor. Por eso, el impacto de una desaceleración mundial no es exclusivo de un sector. “(La crisis en Estados Unidos) afectará a todos los sectores, pero aquellos de menor riesgo, es decir, compañías de flujos estables y previsibles, serán menos afectadas”, dice Laurence Golborne, gerente general de Cencosud. “Por un tiempo la solidez financiera y liquidez serán los principales atributos a analizar de las compañías”.

Así, otros que se están comenzando a mojar son los actores del sector inmobiliario. Durante los últimos años se ha acumulado un récord de stock disponible, mientras que la velocidad de venta no ha ido a la par (ver gráfico). Con la situación actual –marcada por un mayor costo del crédito dadas las reiteradas alzas de tasas que ha decretado el Banco Central, que hoy la sitúan en 8,25% y con claros indicios de que seguirá subiendo–, lo único que puede pasar es que esa velocidad se reduzca aún más. Mientras que las ventas cayeron 11,3% durante el primer trimestre del año, comparado con el trimestre inmediatamente anterior, la oferta saltó 9,1% en igual lapso. Y el paso de tortuga que llevan estas ventas puede empeorar. Como si nada de esto fuera cierto, durante el segundo trimestre de 2008 se presentaron 90 proyectos de construcción, la segunda mayor cifra desde 2005. “(La cifra) nos sorprendió a todos”, declaró a la prensa Vicente Domínguez, director ejecutivo de la Asociación de Desarrolladores Inmobiliarios (ADI). Dichos niveles de vacancia pueden transformarse muy pronto en un peso muerto difícil de sostener para muchas empresas del sector. Nuevamente, el mercado bursátil da luces sobre el futuro de esta industria: los títulos de la constructora Paz Corp., con alta presencia en Santiago Centro –una de las zonas con mayor stock disponible– han caído más de un 70% desde su mejor nivel a mediados de octubre del año pasado.

Por si todo esto fuera poco, los recientes incrementos en el riesgo país son la cuchara que revuelve un caldo cada día más amargo. A pesar de que Chile continúa siendo el país mejor posicionado de la región, el aumento de 57 puntos base que acumula desde comienzos de año han dejado al indicador EMBIG en 208 puntos base, su peor nivel desde noviembre de 2002. De paso, se consumió casi toda la ventaja que tenía Chile versus las economías de América Latina que le siguen: México (262 puntos base) y Perú (294 puntos base). Este lastre adicional traerá como consecuencia, entre otras cosas, un encarecimiento del crédito internacional.

¿Algo más?

¿Cuál es la costura por donde podría reventar una crisis de proporciones épicas en Chile, similar a la financiera en Estados Unidos? Por lo pronto, no en la banca. Las férreas regulaciones incorporadas al sistema bancario chileno a partir de 1986 se van a pagar con creces en los meses venideros. Los robustos controles de riesgo de cada institución financiera y la infatigable vigilancia del regulador permiten a los banqueros –y a sus accionistas, acreedores y clientes– dormir con relativa calma en Chile, a diferencia de otros países del mundo, como Inglaterra o España, para no hablar de Estados Unidos. Por el contrario, es la joven industria del factoring la que, según algunos, debería ser llevada de una oreja al laboratorio para un examen profundo. “La banca no me preocupa. Donde hay que poner la alerta roja es en el factoring, que ha tenido un crecimiento inorgánico y muy grande durante los últimos años”, advierte Parisi. “El aumento de costo en los créditos de corto plazo va a hacer que las empresas demoren sus pagos y eso puede tener un efecto muy peligroso en el negocio del factoring”. Claro, porque esta industria ha pasado a ser una pieza clave de todo el engranaje. En 2007 su volumen de negocio creció 26,2% y comparado versus el PIB, alcanzó 11,5%.

¿Qué podría depararle el futuro a esta industria? Si finalmente se presentan los problemas, es posible que se produzca un sostenido proceso de consolidación, del que se beneficiarán aquellos actores que han sido rigurosos en sus análisis de riesgo y que, por lo mismo, tendrán los recursos para crecer a través de fusiones y adquisiciones.

La salida

Si todo parece que irá mal, es muy posible que así sea. Por eso, la búsqueda de paliativos a una situación compleja como la que se avecina debería despertar la creatividad tanto del Gobierno como del sector privado. “Un requisito fundamental para minimizar los costos en términos de actividad y empleo que derivan del ajuste que inevitablemente habrá que efectuar, es el de contar con una economía flexible, para poder adaptarse con mayor facilidad a un entorno de negocios incierto y cambiante”, dice Hernán Cheyre, presidente de Econsult.

Por ejemplo, cuando al ceder la crisis asiática, el crecimiento en Chile no daba las señales de despertar por completo, el ministro de Hacienda de la época, Nicolás Eyzaguirre, importó una fórmula que ya se había usado con éxito en Estados Unidos: un descuento en impuestos para quienes adquirieran propiedades nuevas. En ese entonces, el stock disponible era alto –pero incluso menor que hoy– y la construcción no daba señales de querer despertar y colaborar en la reducción del desempleo. Ese tipo de medidas pronto comenzarán a ser extrañadas. Hasta el momento, las medidas anunciadas por Hacienda –como la eliminación del impuesto de timbres y estampillas o las medidas para contener el alza de los combustibles– no han logrado despertar todo el entusiasmo que se esperaba.

En el fútbol opera la lógica de que el ataque puede ser la mejor defensa. Puesto en términos de negocios, se podría decir que las crisis ofrecen buenas oportunidades de inversión a quienes tienen su liquidez en un sitio seguro. “Es buen momento para hacer inversiones nuevas en compañías existentes con problemas y del sector alimentos”, dice Todd Huckaby, socio de IB Partners. Así que por ennegrecido que se vea el cielo y aunque soplen vientos que anuncian unbuen chaparrón, esconderse en un refugio puede no ser la mejor salida.

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