CASO CLARIN

Hasta ahora todo indicaba que Chile tenía el éxito asegurado en una de sus mayores batallas judiciales: la demanda que Víctor Pey -ex asesor de Salvador Allende- interpuso ante un organismo internacional para que el Estado chileno le pague US$ 515 millones como indemnización por la pérdida del diario Clarín durante el gobierno militar. Hoy, sin embargo, el escenario cambió, y el abogado Jorge Carey, designado por Ricardo Lagos para el caso, reconoce que el primer borrador de la sentencia es adverso para el país. En esta entrevista Carey revela los pormenores de un caso que, dice, se ha politizado.

Hace nueve años, Víctor Pey -quien fue secretario personal de Salvador Allende- interpuso una de las mayores demandas que ha enfrentado el Estado de Chile: pidió que se lo indemnizara con US$ 515 millones por la confiscación del diario Clarín después del golpe de Estado. Hasta hoy Pey asegura que entonces era el único dueño del medio. El recurso quedó en manos del Centro Internacional para el Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones (Ciadi), en Washington.

Aunque en un primer momento la defensa del Estado chileno estuvo en manos de Roberto Mayorga, cuando Ricardo Lagos llegó al gobierno le pidió personalmente al reconocido abogado Jorge Carey que asumiera la causa. Socio principal de Carey y Cía, el mayor estudio de abogados de Chile, el profesional tiene experiencia en asuntos internacionales: fue abogado del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, y director de centros de estudios legales en Estados Unidos.

Desde entonces todas las señales han apuntado siempre a un triunfo seguro de Chile. El propio ministro de Economía, Alejandro Ferreiro, lo estimó así hace sólo dos meses. Hoy, sin embargo, el escenario se habría revertido, y Carey lo reconoce públicamente por primera vez: “Estamos enfrentados a un alto riesgo de perder el juicio”, dice.

Su pesimismo se debe a que en noviembre pasado, el tribunal del Ciadi les mostró a las partes un borrador del fallo, el cual hasta hoy se ha manejado con total hermetismo. “La sentencia preliminar era adversa para Chile”, dice, molesto, el abogado, quien en todo caso asegura no haber perdido “la esperanza de que el tribunal revierta el contenido del borrador y falle a favor de nuestro país”.

Carey cree que el juicio ha sido parcial e injusto, y que se han pasado a llevar tres elementos cruciales: “Víctor Pey es chileno y, por lo tanto, no puede acudir al Ciadi, que es únicamente para casos de extranjeros. Además, nunca fue dueño del Clarín y, por último, el tratado entre Chile y España para proteger las inversiones, que rige desde 1994, no es retroactivo”.

También alude a otro factor que ha perjudicado a Chile. “El representante de Pey, Joan Garcés, logró politizar el caso por la simpatía que despierta Allende y la antipatía que genera Pinochet”.

– Si las autoridades de gobierno sabían que la sentencia venía adversa para Chile, ¿por qué Alejandro Ferreiro declaró hace dos meses que era imposible que Chile perdiera?

– Aún existe la esperanza de que cualquier error contenido en ese borrador de fallo adverso sea rectificado. Siempre fui muy categórico en señalar que íbamos a ganar, dado que Pey es chileno y no puede repudiar la nacionalidad, porque la Constitución no permite renunciar a ella.

– Pero Pey argumenta que nació en España y que aunque obtuvo la nacionalidad chilena en 1958, renunció a ella en la segunda mitad de los ’90, mientras vivía en Madrid.
– Nosotros llevamos al presidente del Tribunal Constitucional, José Luis Cea, a los últimos alegatos que se hicieron en París ante el Ciadi -en enero pasado- y él señaló categóricamente que las causales para perder la nacionalidad chilena son taxativas y la renuncia no está entre ellas.

– ¿Por qué, pese a ello, el Ciadi dio lugar al proceso?
– Exactamente ésa es la razón por la que creemos que este juicio siempre se debió ganar. Un tribunal que falla en derecho y que no se deja politizar debería determinar que no tiene jurisdicción para actuar. Por el contrario, están validando el intento que hace Pey de repudiar la nacionalidad chilena, lo que es un grave error jurídico. En los ’90, la propia Fundación Presidente Allende lo identificaba como chileno, y en 1991 Pey usó pasaporte chileno para viajar a Venezuela y Estados Unidos. Incluso en 1992 se inscribió como chileno en el Padrón Electoral de Vitacura.

– ¿Cree, entonces, que han primado consideraciones políticas?
– Creo que Garcés logró politizar el caso y metió el tema de Pinochet y los derechos humanos. Introdujo el maltrato que efectivamente recibió Pey del gobierno militar, que entonces le quitó su pasaporte y le hizo cosas con las que no estoy de acuerdo. Naturalmente que por estas razones -y porque Pey era cercano a Allende- despierta simpatía, pero esto no debiera influir en los jueces.

– ¿Pero está influyendo?
– El tribunal está prescindiendo del derecho chileno para provocar el resultado que ellos quieren: indemnizar a un señor que consideran que ha sido maltratado y que en ese tiempo estaba manejando un diario, cuando las tropas entran y lo desalojan. Obviamente eso es un acto que a nadie le gusta a excepción de los marxistas leninistas que lo han hecho en Cuba y en el bloque soviético. Pienso que hay simpatías políticas y creo que el tribunal ha sentido que es odioso que un Estado le imponga una nacionalidad a alguien que claramente quiere desprenderse de ella.

Dineros checos y cubanos

Jorge Carey considera que el fallo preliminar es “una travestida legal” y que en ella, dice, influye la tendencia de los tribunales internacionales de sancionar todos los actos de expropiación y confiscación. “Desgraciadamente ésta es una batalla jurídica que se politizó por la simpatía que despierta Allende y por la antipatía que genera Pinochet. Si no fuera por eso, este juicio no podríamos perderlo”, dice.

– Se comenta que en caso de que Chile pierda, la indemnización no sería la que pide Pey, sino una cifra mucho menor, del orden de US$ 30 millones.
– De todas formas sería una derrota para el país. Claro que no es lo mismo perder por 1-0 que por una goleada de 10-0. Pero igualmente sentiría una profunda indignación de que Chile tuviera que pagarle un peso a un señor que nunca fue dueño del diario. No sólo basado en el derecho chileno, sino que también en los hechos: él jamás compró el diario para sí.

– Pey asegura lo contrario…
– Los dineros que se usaron para la compra del diario salieron desde Checoslovaquia y Cuba, lo que hoy es un hecho de la causa y nadie lo pone en duda. ¿Qué chileno tenía platas en esos países y de esa magnitud? En esa época con US$ 2 millones o US$ 3 millones (que fue lo que aproximadamente se pagó por el diario) uno podría haberse comprado Chile entero.

– Pero Pey dice que es el dueño del diario porque tiene los traspasos firmados en blanco…
– De acuerdo con la ley chilena, los dueños son los que aparecen inscritos en los registros de accionistas y el Estado de Chile determinó que no era él. Si hubiera sido dueño del diario, ¿por qué las acciones no estaban a nombre suyo sino de otras personas a las que efectivamente el Estado chileno indemnizó con US$ 9 millones?

– ¿Usted cree, como siempre se ha dicho, que Pey fue el palo blanco de Allende para comprar el diario?
– Nunca se va a saber de quién, pero no hay duda que no era el dueño. Si así lo fuera, debería demostrar de dónde venían esas platas y por qué piensa cederle el 90% de la indemnización a la Fundación Allende de España. En Chile, Pey jamás declaró ningún peso. Si hubiera ganado la plata de su sudor y lágrimas -lo que no es cierto-, ¿por qué no se la deja a sus hijos? Me provoca una profunda indignación que Chile vaya a gastar plata que necesita para escuelas y hospitales en pagarle a un impostor.

Desde que asumió el juicio en 2002, Jorge Carey ha dedicado una parte sustantiva de su tiempo al caso. Ha tenido que viajar a Washington en más de 10 oportunidades para contactarse con los abogados americanos que representan al gobierno chileno y acudir a las diversas audiencias. Trabaja ad honórem y aunque él no lo admite, un trabajo como éste le habría costado al Fisco varios millones de dólares en honorarios, dicen en la plaza. Él afirma haber seguido los pasos de su padre, quien renegoció gratuitamente la deuda externa para Jorge Alessandri. “Sentí que esto era un problema de Estado que debía asumir”, afirma. 

Además, dice que se sintió honrado al ser escogido por Ricardo Lagos -a quien conoció en los años ’80 – para asumir no sólo el caso Clarín. También actúa como mediador ante el Ciadi hasta el 2011. Su misión es evitar que los conflictos lleguen al tribunal.

– ¿Cree que el caso era de real trascendencia para Lagos?
– Creo que no, pero al haberse armado una situación antagónica entre la DC y los socialistas respecto de Pey, se le complicó la situación. Pienso que me eligió no sólo por ser la cabeza de uno de los estudios más reconocidos del país, sino porque era miembro de la Comisión Política de RN y podía despolitizar el caso.

El eventual revés en el juicio le duele a Carey, aunque dice que está tranquilo porque ha hecho todo lo posible para que Chile gane y porque ha recibido el más amplio respaldo de todas las autoridades gubernamentales. “No todos los juicios se ganan. Y para saber ganar hay que saber perder. Cuando uno toma la defensa de una causa, está convencido que va a triunfar, pero estos señores están viendo las cosas de otra manera y hay que aceptarlo. Además de triunfos, he tenido muchas derrotas en mi vida. Dicen que la fibra de las personas se ve en las derrotas y no en los triunfos, porque ser magnánimo en las derrotas es mucho mas difícil”.

– ¿Ha estado con Joan Garcés?
– En las sesiones del Ciadi ha estado al otro lado de la mesa. Lo encuentro un hombre muy inteligente, de una verborrea muy grande y que no tiene ningún escrúpulo para no decir la verdad. No tengo una buena impresión de él. Con Pey el contacto ha sido el mismo.

– ¿Cuánto le ha costado al gobierno todo este juicio?
– No manejo las cifras, pero calculo que deben ser entre US$ 3 millones y US$ 5 millones.

– ¿No habría sido mejor negociar?
– No había una voluntad política de la Concertación para transar. Además, siempre tuvimos la convicción de que íbamos a ganar. Era un caso muy claro, y hubiera aparecido como un regalo para un impostor. Era un mal consejo transar.

– Si fallan en contra de Chile, ¿cuál es la estrategia a seguir?
– Vamos a recurrir pidiendo la nulidad, que se efectuaría en otro tribunal compuesto bajo las reglas del Ciadi. Eso podría durar dos, tres o cuatro años más. Mientras yo esté a cargo del juicio, espero que no se le dé ni un peso a Pey.

De la trinchera a general

En dos años más los 108 abogados de Carey y Cía. estarán instalados en las oficinas que compraron en cuatro pisos del nuevo edificio Titanium, en La Portada de Vitacura.

Aunque sus socios estaban reacios a cambiarse desde el centro de Santiago -donde han funcionado desde hace 20 años-, optaron por mudarse porque la mayor parte de sus dos mil clientes activos hoy están instalados en El Golf.

A sus 65 años, Jorge Carey sigue liderando importantes casos: la fusión de Masisa con Terranova; la compra que hizo Ontario Teachers de Esval y Essbío; y la reciente venta de las minas Quebrada Blanca y Carmen de Andacollo, de Aur Resources, a Teck Cominco. Además, representó a Thames Water en su conflicto con la Corfo y la salida de la transnacional de Chile, cuando le vendió Essbío a Southern Cross.

El resto de su tiempo lo dedica a los varios directorios en los que participa: es presidente de Lafarge Chile -ex Melón-, director de Masisa, Enaex, Quebrada Blanca, The Chile Moneda Fund, Hogar de Cristo y de la Corporación del Patrimonio Cultural de Chile. También es miembro del Consejo Nacional de Televisión.

– ¿Sigue encima de todos los casos de la oficina o está más en los grandes lineamientos?
– Estoy full en la oficina, pero antes estaba más en la trinchera. Hoy, en cambio, me he transformado en el abogado de mis abogados. Ahora soy el general que está detrás de ellos y a quienes apoyo en los diferentes casos en que estén involucrados. Ya no hago contratos, pero ayudo a diseñarlos. Esta nueva posición me da espacio para hacer otras cosas, como dedicar más tiempo a leer historia, lo cual es muy importante porque al final las situaciones, las dificultades que enfrentaron políticos y abogados de antaño son igual a las que ocurren hoy día.

Además, en su tiempo libre se devora la serie americana “The West Wing”, ambientada en el ala oeste de la Casa Blanca, donde se ubican los despachos de los principales miembros del equipo del presidente. “Me interesa porque habla de lealtad, traición, liderazgo, coraje para tomar decisiones, temores, depresiones, que es lo que hoy se ve en el entorno. The West Wing ha sido una especie de posgrado”, acota el abogado.

– Usted no es economista ni ingeniero. ¿Por qué cree que las empresas lo eligen con tanta frecuencia para sus directorios?
– Tengo la impresión de que, dada la gran cantidad de clientes que tenemos en la oficina y las cicatrices que tengo de guerras pasadas, además de haber intervenido en situaciones complejas de muchos clientes, me da la experiencia para abordar situaciones conflictivas. Además, creo que debo tener intuición y una dosis normal de sentido común que puede aportar una mirada distinta de las cosas.

– ¿Por qué ha apostado por hacer de Carey una oficina grande y no un estudio más estilo boutique?
– Porque nos permite crear especialidades con mayor profundidad y con un gran apoyo logístico, lo que ayuda a tener mayor cercanía con los clientes.   

– ¿Su apuesta es por la internacionalización?
– Siempre he pensado que en cualquier minuto, y tal como ha ocurrido en Brasil y Argentina, van a comenzar a llegar los estudios internacionales, que son estos monstruos americanos e ingleses que levantan a los abogados jóvenes más talentosos. Por eso nos estamos preparando, y la forma de hacerlo es creciendo para ofrecer el servicio completo al cliente. Creo que esta tendencia llegará en cualquier momento.

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