La Hora de los Sindicatos

Aun cuando el país presenta estupendas cifras macroeconómicas y en general las empresas muestran un buen desempeño, comienzan a aparecer amenazas de ruptura en el ambiente laboral chileno. ¿Qué es lo que está en juego? ¿Es la riqueza que se ha estado generando en distintos sectores o es el modelo económico, en la forma en que lo hemos conocido hasta ahora? Los que mejor se manejan en el tema dicen que la actual arremetida laboral es propia de los tiempos de bonanza. Los trabajadores entienden que cuando la torta se agranda, a ellos también debiera corresponderles algo más.

El ambiente laboral está enrarecido. En muchos sectores se respira conflicto, rabia y rencor. Mientras los sindicatos de trabajadores amenazan con paralizaciones y un sinfín de demandas laborales, parte importante de los empresarios se queja de ataques desmedidos y de poca objetividad en la autoridad laboral. Si bien no estamos ni por asomo reviviendo los enfrentamientos que se produjeron en Chile a comienzos de los años 70 –cuando los disparos, tomas y amenazas de muerte estaban a la orden del día– es indiscutible que los episodios protagonizados por los subcontratistas de Celulosa Arauco y Codelco sacaron a la luz las deudas que Chile todavía tiene pendientes en el frente laboral. En este escenario de desencanto, los sindicatos parecen haber tomado la delantera. En los medios se habla de una nueva etapa, de la hora del sindicalismo duro y han surgido líderes poderosos dispuestos a hacer lo que sea con tal de reivindicar los derechos de los trabajadores. ¿Pero son los sindicatos los únicos instrumentos válidos para establecer equilibrio en las relaciones laborales? No hay consenso al respecto. El gobierno en general cree que sí. Pero en el mundo privado las percepciones están divididas. En Chile, la tasa de sindicalización es de 12,8% en término de fuerza laboral y de 14,5% en términos de asalariados. Para algunos, estos bajos niveles de sindicalización responderían precisamente a que son los propios trabajadores los que dudan de la efectividad de las organizaciones sindicales. Para otros, en cambio, la tasa se debe al temor y amedrentamiento patronal.

El tema ha alcanzado revuelo y es parte del replanteamiento en el Chile actual de eso que la Iglesia antes llamaba “la cuestión social”. El debate se está intensificando. Partiendo por el mundo empresarial, que aglutinado en torno a organismos como Icare, Sofofa y la CPC, ha tapizado los diarios de columnas de opinión defendiendo lo que considera justo. Lo mismo han hecho las dirigencias sindicales. La Cámara de Diputados está llena de mociones para “mejorar” la ley laboral y hacer cambios “profundos” a la de subcontratación. La jerarquía eclesiástica, por su lado, llamó públicamente a los empresarios a hacer un esfuerzo y pagar, de una vez por todas, un salario ético del orden de los 250 mil pesos. Al presidente de la Sofofa, Bruno Philippi, ese llamado le pareció razonable. En un discurso ante la Unión Social de Empresarios Cristianos, el dirigente dijo que Chile aún tenía mucho por avanzar en el plano de la ética empresarial.

Bonanza y externalización
Según Alberto Armstrong, académico experto en relaciones laborales de la Facultad de Economía y Administración de la Universidad Católica, lo que está ocurriendo hoy tiene mucho que ver con el ciclo económico. En tiempos de bonanza –dice– es una constante mundial que aumenten las huelgas y las demandas salariales. Así ha sido, según él, desde los días de la industrialización.

-Hoy las empresas chilenas están llenas de plata y es normal que los trabajadores quieran llevarse parte de esa torta –asegura el académico–. La huelga de Escondida notificó al país de los cientos de millones de dólares que ganaba esa compañía. Hoy es cosa de leer los diarios y ver los resultados de los supermercados, los centros comerciales, las firmas inmobiliarias. La situación es complicada para los empresarios, pues está demostrado que cuando una firma tiene mucha plata disminuye drásticamente su poder de negociación.

La percepción de la directora del Trabajo, Patricia Silva, es distinta. La titular de la repartición considera que el origen de los actuales vientos de conflicto está en la forma en que se ha ido estructurando la economía chilena. En los años 80, asegura, el país se organizó en torno a la externalización de los procesos productivos y eso generó una serie de cambios en las relaciones laborales. Estas dejaron de ser bilaterales y comenzó a aparecer la figura del intermediario, del contratista, de la agencia… Y, aunque asegura que todo se ha hecho sin pasar a llevar la normativa vigente, es indiscutible que ese proceso se tradujo en fuertes consecuencias para los trabajadores.

-En ese marco se inserta todo lo que está pasando hoy. Se transparentó algo que veníamos viendo desde hace muchos años. Ya no es un tabú la forma en cómo están organizadas las empresas en Chile. A nadie le sorprende que D&S esté subdivida en 115 razones sociales, que Paris tenga más de cien RUT o que existan empresas que tengan externalizada hasta la esencia del negocio. Nadie ha cometido delito en esto, pero tenemos que hacernos cargo, como sociedad, de esa parte de la población que se ha visto afectada en sus condiciones laborales.

Se suponía que la Ley de Subcontratación, promulgada en octubre de 2006, iba a corregir los excesos a que había conducido la externalización. Pero no fue así. Si bien la nueva ley mejoró las exigencias de higiene y seguridad al interior de las empresas subcontratistas y transparentó el concepto de suministro de trabajadores, reconociendo que un subcontratado no puede realizar tareas permanentes más allá de 180 días, su gran aporte fue acabar con las responsabilidades difusas, imponiéndole a la empresa principal obligaciones perentorias respecto del cumplimiento de los derechos que asisten a los trabajadores subcontratados.

Sin embargo, en parte porque esta normativa alentó aspiraciones desmedidas y en parte porque el objetivo de la ley no era subirle los ingresos a los subcontratados, el sector laboral siente que nada cambió.

La iniciativa, dicen algunos, fue como tapar el sol con un dedo. Hoy, a la luz de los hechos, dicen, hay más incertidumbre y confusión que hace diez meses.

Según la Organización Internacional del Trabajo, a marzo de este año, solo el 30% del empleo en Chile estaba en la categoría de “decente”, es decir, se desarrollaba en un contexto de relaciones contractuales indefinidas y con seguridad social. Ese porcentaje, según la directora del Trabajo, es el que acusa los efectos de la externalización. Se estima que existen más de 500 mil trabajadores subcontratados, de los cuales unos 300 mil trabajan en precarias condiciones contractuales, mayoritariamente en el sector servicios, en el comercio y la industria. Asimismo, es un hecho comprobado que muchas empresas han usado la externalización como mecanismo para reducir costos y mejorar sus estándares de productividad, generando efectos adversos sobre la calidad de las relaciones laborales.

-Hay un porcentaje alto de empresarios que se organiza en función de que el costo de la mano de obra sea el menor posible –sostiene el presidente de la Central Unitaria de Trabajadores, Arturo Martínez–. El modelo de desarrollo basado en la externalización está hecho para que las empresas bajen sus costos. Esa modalidad ha permitido que los empleadores puedan subdividir sus empresas en 115 razones sociales distintas, dándoles margen para burlar derechos laborales, pagar bajos salarios, eludir responsabilidades patronales y hacer que los trabajadores vivan en un clima de permanente amenaza a su estabilidad laboral. Nosotros queremos que a los empresarios y al país les vaya bien, pero no a costa de nosotros.

Pero los conflictos laborales ni siquiera empiezan por ahí. La esencia de las demandas siempre está en los salarios. Según un estudio del Instituto Libertad, el 50% de los trabajadores de nuestro país recibe ingresos inferiores a los 180 mil pesos. Tanto como describir un posible cuadro de injusticia, esa proporción habla de lo que la economía chilena todavía tiene de pobre y de tercermundista. En Chile, la productividad de la mano de obra no calificada es extremadamente baja.

Según el INE, de una fuerza laboral del orden de 6 millones 400 mil personas a junio de 2007, el 67%, esto es, unos 4 millones 200 mil, son asalariados. Los demás son trabajadores independientes o que no tienen trabajo.

Escalada de conflicto
Los primeros en lanzar la piedra fueron los subcontratistas de Celco, quienes luego de convocar a unos 12 mil trabajadores en todo Chile, lograron incrementar los sueldos base en el equivalente a 74 dólares mensuales. El conflicto –hay que decirlo– costó la vida de un trabajador exaltado. Días más tarde, y aprovechando el impulso negociador, los trabajadores subcontratistas de Codelco consiguieron un bono a todo evento –y no por productividad– de 450 mil pesos.

En menos de una semana aparecieron los subcontratistas de Enap, los subcontratistas del edificio en construcción Titanium, los temporeros de Pacific Nuts, empleados del retail, cajeros de Cencosud y muchos otros que quisieron subirse al carro de esta suerte de revolución sindical. Y, aunque ninguna de esas amenazas pasó a mayores, el tema quedó instalado en grande. Para el 29 de agosto, sir ir más lejos, está anunciada una Jornada Nacional de Movilización que, según el presidente de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) –presente en Chile desde 1953– Arturo Martínez, “se viene dura”.

-Nosotros siempre dijimos que íbamos a ir a la pelea cuando nos pudieran acompañar otros sectores de trabajadores y ahora por fin hemos articulado la red de apoyo. Tenemos sindicatos y coordinaciones –la “pata ilegal”, reconoce él mismo desde Arica a Punta Arenas y como sabíamos que iban a empezar los despidos, nos organizamos en forma clandestina. El próximo año cumplo 40 años en la dirigencia sindical y no tengo por qué ocultar nada. No es un paro, pero ese día no va a ser normal. Quince días después vamos a hacer otra cosa y luego otra. En Chile no habrá paz social hasta que se reestablezcan los derechos de los trabajadores.

Los privados están preocupados. Después de todo, y más allá de los actos de violencia, vandalismo y amenazas con que se han ido dando las pocas paralizaciones producidas hasta ahora, las negociaciones han dejado en evidencia los tremendos vacíos que hay en la ley, los incentivos perversos que el propio proceso de negociación colectiva contempla para desbordar el curso legal y la falta de objetividad de las autoridades laborales. Para los empresarios más duros, se trata de un caos sin precedentes que expone al país a los peores desenlaces. Tanto es así que no son pocos los que han anunciado el cierre de sus fábricas para irse a trabajar a países más receptivos al esfuerzo empresarial.

Uno de los puntos que más preocupa al mundo empresarial tiene que ver con los términos de la negociación sindical. La CUT y el gobierno han promovido que éstas vayan más allá del ámbito privativo de las empresas, congregando a varios sindicatos de trabajadores con un mismo empleador o con varios empleadores. Para Mauricio Peñaloza, socio de Human Capital de Ernst & Young y experto en temas laborales, esa posibilidad es una seria amenaza, pues el sistema laboral chileno está sustentado sobre la base del concepto de empresa, y no en ramas de actividad, de suerte que modificarlo traería severos efectos para el mercado, especialmente para las firmas más pequeñas.

Otro tema que preocupa en el ambiente empresarial es la complejidad del Código del Trabajo, que según muchos cada día impone más trabas al haberse ido llenando de normas específicas, las cuales no siempre se adaptan a las realidades de los distintos sectores. Según ellos, el error endémico de la normativa es suponer que todas las empresas son iguales, cuando no es lo mismo un banco que una minera o una salmonera. Los trabajadores, desde su prisma, también exigen cambios al Código del Trabajo.

-Lo que tenemos hoy, además de ser antiguo, fue impuesto –señala Martínez–. El origen del Código del Trabajo es el Plan Laboral, que se hizo cuando en Chile no había democracia. Nosotros nunca vamos a aceptar convivir con ese código. Por otro lado, está el creciente interés de los sindicatos por promover la figura del defensor laboral. La iniciativa claramente es resistida por los empresarios. La mayoría piensa que se podría caer en la judicialización del sistema, lo que a todas luces –dicen– sería dar un paso atrás.

-Si un trabajador ha sido despedido y tiene la posibilidad de entablar un juicio en contra de su ex empleador que le sale gratis y por el cual incluso le pueden pagar dinero, ¿creen que no lo va a hacer? –pregunta Peñaloza–. Ahora bien, si definitivamente fuera a existir un defensor laboral para los trabajadores, ¿por qué no podría existir un defensor para los micro, pequeños y medianos empresarios?

-Eso sería el fi n de los trabajadores –señala Martínez–. En este país los empleadores pagan las indemnizaciones que ellos quieren. Y si el trabajador alega, son capaces de tener cuatro años a las personas en juicios eternos. Las denuncias a la Dirección del Trabajo así lo confirman. Al final, al trabajador no le queda más remedio que aceptar la propuesta del empleador.

La nueva justicia laboral –que comenzaba a regir en marzo del 2007 y se postergó para el 2008– es uno de los grandes temas pendientes. Hay escasez de tribunales especializados y dudas respecto al procedimiento. A juicio de algunos actores, la ley aprobada resultaba demasiado paternalista y poco clara en la forma en que las partes (trabajadores y empresarios) debían vincularse en un juicio, e incluso, se temía que se iniciara una suerte de judicialización de materias laborales que podían tener una solución más rápida.

El tema da para largo. Hay consenso en que muchas cosas no están funcionando bien en los mercados del trabajo: las indemnizaciones por años de servicio, la falta de flexibilidad para contratar, la segregación entre trabajadores de primera y de segunda categoría… Estas distorsiones dan lugar a ineficiencias, a mayor desempleo del que debería existir y a injusticias sociales irritantes. Nada de esto ayuda al desarrollo. Y en nada, tampoco, contribuye a la paz social.


Desde la república de la singularidad

Habla Jorge Fuentealba, presidente del Sindicato Nacional de Trabajadores de BancoEstado.

-Diversidad política y unidad sindical. Tal es la fórmula que maneja nuestro sindicato en BancoEstado, el sindicato único más grande del país, a la hora de organizarse y presentar sus demandas. Privilegiamos los consensos por sobre los discursos infantiles o sobreideologizados y buscamos el camino del acuerdo por sobre cualquier otro.

-Puesto que reunimos distintas posiciones, históricamente nuestro sindicato ha mantenido un diálogo permanente en el que intervienen distintas sensibilidades, lo cual permite que todos nos expresemos.

-Nos acercamos al 98% de afiliación (más de 8 mil trabajadores). No es fácil representar a los distintos estamentos, porque muchas veces algunos se sienten privilegiados por sobre otros, pero en el tiempo vamos distribuyendo de manera más equilibrada los beneficios e ingresos al interior del banco. Somos bastante colaboradores con la empresa en la medida en que se nos respeta como organización. El 2002 sellamos un acuerdo de alianza estratégica donde se estableció un proyecto común de empresa. En cinco años logramos un proceso de modernización que a la banca privada le tomó veinte. Eso demuestra que hemos hecho el esfuerzo. El banco hoy es rentable y se para sobre sus propios pies.

¿Instrumentalización política?
-Nos acusan de estar manejados por el Partido Comunista. Pero eso es una estupidez. Hoy día más del 80% de los asociados a la CUT no tiene afiliación política. No niego, sin embargo, que el Partido Comunista siempre esté tratando de pasar su política por aquí. Como no tiene parlamentarios, ni alcaldes, trata de fortalecerse en el mundo del trabajo. Pero la CUT no es de los comunistas. La CUT es de los trabajadores y nosotros actuamos con absoluta autonomía política. (Arturo Martínez , presidente de la CUT) -Yo no tengo experiencia con sindicatos politizados. Aunque me ha tocado relacionarme con gente que milita en distintos partidos, no he visto que eso haya sido determinante. Otra cosa es que de repente aparezcan ciertos líderes, claramente atrincherados, que buscan figuración y arman conflictos.

A nosotros también nos han tratado de armar cuentos, pero los mismos sindicatos o las juntas de vecinos donde van a buscar apoyo les han dado con la puerta en las narices. (José Guzmán, gerente general Agrosuper)

Derechos irrenunciables
-Los trabajadores no pueden renunciar a lo que concierna a la estabilidad laboral, las remuneraciones y derechos colectivos que deberían estar relativamente establecidos, como la capacitación o los relativos a la maternidad en el caso de las mujeres. Muchas de estas cosas al final se van a conseguir por presión internacional, porque este es un mundo globalizado. (Ricardo Solari, ex ministro del Trabajo)

-Lo que nosotros pedimos es un piso mínimo. Que todos los trabajadores tengan contrato de trabajo, protección social, salud, seguro de cesantía y pensión. Que se respete el derecho a organizarse, que haya libertad sindical. Que nos permitan negociar de acuerdo a nuestros derechos cosas como el bono de fiestas patrias, Navidad, o escolaridad. También pedimos que se mejore la ley de despido. Esto de la “necesidad de la empresa” da para que a uno lo despidan hasta por feo. Yo no quiero inamovilidad, pero tampoco quiero que a la gente la despidan porque el jefe amaneció de mala. Y, si no hay alternativa, que al menos las indemnizaciones sean justas. (Arturo Martínez, presidente de la CUT)

Ricardo Solari
Las asimetrías de poder
Según el ex ministro del Trabajo y vicepresidente del PS, el gobierno y las empresas deben internalizar que en el actual escenario de bonanza es lógico que los trabajadores busquen reivindicar derechos y mejorar sus condiciones económicas.

Cinco años al frente del Ministerio del Trabajo durante el gobierno del presidente Lagos le dieron a Ricardo Solari no solo gran autoridad en el plano laboral, sino también un gran pragmatismo. Tal vez por eso no se siente para nada escandalizado o temeroso del conflictivo cariz que según muchos está tomando el cuadro sindical. Según Solari, en esta materia Chile es un oasis dentro de América latina.

Sin embargo, siente que se están incubando diversos problemas, sobre todo en lo relativo a la baja tasa de sindicalización que tiene el país, a la asimetría entre el poder de los empleadores y el de los trabajadores, a la poca conciencia que ve en los empresarios para hacer participar a los trabajadores de las utilidades y a la falta de un pacto social que sustente el crecimiento futuro del país.

-¿Qué cambió entre que fue ministro del Trabajo y hoy?
-Yo asumí con el doble del desempleo actual, con senadores designados que impedían las mayorías y sin la bonanza actual. La fanfarronería del dinero, la exhibición de poder y la falta de austeridad al final se pagan. Los trabajadores saben que han contribuido de manera importante a generar la riqueza en la que estamos y no siempre reciben lo justo.

-¿No le llama la atención que pidan más precisamente los que pertenecen a un área como la minería, que entrega por lejos los mejores sueldos del país en promedio?
-Yo hablo de un contexto general, donde hay mucha gente que, a pesar de los miles de millones de dólares que ganan las empresas y el país, ve que sus remuneraciones no aumentan. El origen del problema es que hay cero capacidad de negociación, hay infi nitas prácticas antisindicales y fuertes asimetrías, porque el poder del empleador es muy grande y el del trabajador muy escaso, sobre todo en los de más baja escolaridad.

-¿Cree que los empresarios han sobre reaccionado en el tema sindical?
-Absolutamente. Esta escandalera empresarial es muy equivocada. Le da al tema un valor político superior al que tendría si se canalizara en lo estrictamente laboral y es muy perjudicial para el propio interés privado. Todas las empresas que son premiadas por las buenas relaciones con los trabajadores tienen sindicatos y negociación colectiva, además de mecanismos que les permite a los trabajadores benefi ciarse de las utilidades.

-¿Priman las empresas que entienden la colaboración o las que no?
-Desgraciadamente, las que no lo entienden. Me parece insólito que llevemos más de 17 años de Concertación, donde las empresas han ganado plata como nunca antes, y que sigamos viviendo en un mundo de sospechas.

-¿Quién establece la línea entre el salario justo y el que no lo es?
-La idea es compartir los beneficios y también las pérdidas. Si se logra meter el esquema de salarios variables y que cuando la empresa pierde se ajusta vía sueldos y no por dotación o planilla, sería un inmenso avance. Los empresarios resisten cosas que son muy sensatas, como pasó con la reducción de la jornada laboral.

-Por el otro lado también hay resistencias, como respecto de la flexibilidad laboral y de la indemnización por años de servicio.

-Es cierto, pero hay que seguir avanzando y hay acuerdo desde el ministro hacia abajo de hacerlo.

-¿Cuántos derechos laborales son exigibles para un país en vías de desarrollo?
-Las cosas son exigibles en la medida que la gente esté dispuesta a aceptarlas. El asunto explotó en Codelco porque los trabajadores no resistieron más la injusta situación en que estaban. Chile tiene la legislación laboral más liberal de América latina. En Europa, por ejemplo, se está discutiendo una negociación colectiva a nivel europeo y Argentina, Uruguay y Brasil tienen procesos de negociación colectiva por ramas.

-¿Si hay tanta desconfianza entre empresarios y trabajadores y si estos se sienten tan abusados, por qué hay baja conflictividad?
-No es para nada incompatible que los trabajadores se sientan explotados y que al mismo tiempo sigan trabajando normalmente porque es característica del chileno pensar una cosa y hacer otra. Además, hay temor, y también hay que hacerse cargo de que el sindicalismo no se ha modernizado como debiera.

-¿No será que la relación no es tan mala?
-Si no fuera así no estaría apareciendo el tema en todos los medios y tampoco habría llamados de la Iglesia a mejorar la equidad ni los empresarios estarían usando este tono de catástrofe. Ellos se están blindando, porque cuando en un semestre un solo grupo gana 1.300 millones de dólares es obvio que alguien se acuerde de los trabajadores.

Alvaro Pizarro
Cuando la ley no es pareja
Abogado experto en temas laborales, no disimula su preocupación. Mientras el gobierno sanciona severamente la inobservancia de la ley cuando las inculpadas son las empresas, dice que hay premios para los trabajadores que operan de facto.

Lleva más de 30 años asesorando a distintas empresas en sus estructuras salariales y sindicales y ha vivido de todo, desde secuestros y amenazas de muerte, hasta sinceros agradecimientos de parte de los empleados.

-En el mundo laboral chileno hay dos realidades. La de los trabajadores, que no se compran que Chile sea ejemplo de progreso a nivel mundial y ven en los dueños de las empresas a una minoría embriagada en la cantidad de millones de dólares que gana, y la de los empresarios, que invierten y arriesgan plata. Los primeros se levantan todos los días al alba, toman una micro para ir a una pega desgastante y hacen exactamente lo mismo todos los días de su vida por poca plata. Los segundos sienten que lo único que se espera de ellos es que den más y creen enfrentar presiones para quitarles lo que les pertenece.

-¿Se puede mejorar ese panorama?
-Sí, pero generando incentivos para acercar las percepciones. Cuando un trabajador de Codelco infringe la ley de subcontratación, comete delito, pero recibe como sanción un bono millonario. Al otro lado de la medalla, se han cursado multas por más de 3 mil millones de pesos en los tres últimos meses a los empleadores. No veo aquí ninguna paridad. Estoy seguro que si la autoridad contemplara una disminución de impuestos para el empleador que otorgue una gratificación superior a la legal, de seis o siete ingresos mínimos, su disposición anímica cambiaría mucho. O si premiara con algún descuento tributario rotaciones de gente inferiores al 1% al año. El ser humano funciona con incentivos. En Chile, hay 500 mil cesantes y 500 mil empresas que pagan IVA. Si cada empresa contratara un solo trabajador, se acabarían los cesantes, pero para eso se necesita un ambiente donde no les saquen la cresta todos los días.

-¿Hay sesgos antiempresariales en las autoridades laborales?
-Absolutamente. Se supone que la Dirección del Trabajo fue hecha para fi scalizar el cumplimiento de las leyes laborales, pero en 75 años nunca ha sancionado a un trabajador. Los dirigentes sindicales hacen “bicicletas”, abusan, inventan y hoy hasta queman buses. Y nadie les hace nada. Los sindicatos son inmaculados e impunes.

-¿Por qué, entonces, cada día hay menos afiliación?
-Yo no creo en las estadísticas. En el mundo, el 11% de los trabajadores está sindicalizado y en Chile estamos por sobre el promedio mundial. Eso, considerando que el 85% de las empresas tiene menos de quince personas. Si se tomara la sindicalización solo en las empresas de más de cien trabajadores, sería mucho más alta. En Chile, el sindicato se basa un poco en el anonimato y hay muchos movimientos que funcionan como sindicatos clandestinos.

-Ahí entran en juego las prácticas antisindicales. Hay empresarios que incurren en ellas.
-¡Pero son los menos! En la comisión de la Cámara de Diputados me han preguntado si es cierto que en D&S le ponen pañales a las cajeras, para que ni siquiera puedan levantarse al baño. Cuando circulan mitos así, sustentados en mentiras intencionadas, obviamente es difícil el diálogo.

-Dado que es el abogado de D&S, tengo que preguntarle el tema de los 115 RUT. Bajo todo punto de vista suena a triquiñuela para pagar menos impuestos y evitar la sindicalización.
-D&S ha organizado su negocio asumiendo que cada supermercado es una empresa. Y déjame decirte que cada supermercado está dentro del 2% de las empresas más grandes de Chile. Si esas acusaciones fuesen ciertas, el 98% de las empresas de nuestro país estaría en situación mucho peor. El gobierno dice que lo hacemos para dividir y limitar la posibilidad de sindicalización y negociación colectiva. Falso, porque es una esquema de negocios que ha generado los mejores beneficios laborales y buenas condiciones de trabajo en la industria. Como D&S tiene un 6% de trabajadores sindicalizados, al lado del 45% que tiene Cencosud, se cree que en D&S están todos atemorizados. ¡Pero los beneficios de ambas empresas son iguales, por lo que el efecto sindicalización es nulo!

-¿Por qué los empresarios desconfían de los sindicatos, si los que operan en armonía con ellos obtienen muy buenos resultados para la empresa?
-Porque los sindicatos se transforman rápidamente en un elemento de intervención política. El presidente del sindicato se va a la CUT o al Partido Comunista y ahí vienen los asesores. Si el sindicato fuera un ente antes que nada gremial tal vez no generaría esos anticuerpos. Las empresas que tienen buenas relaciones con sus sindicatos claramente han logrado despolitizar el tema, como es el caso del BancoEstado, El Mercurio y otras. Pero queda mucho camino por recorrer.

Radiografía sindical
El sindicalismo en Chile siempre ha sido un fenómeno minoritario. Nunca ha superado el 15% del total de los trabajadores.

A diciembre de 2006, según datos que maneja la Dirección del Trabajo, de los 3 millones 973 mil 474 asalariados –se excluye la administración pública– un 14,5% estaba sindicalizado (703.706 trabajadores) y 9.424 eran sindicatos vigentes activos. Según una encuesta realizada por la Dirección del Trabajo, la “falta de sindicalización” se debe a factores como los siguiente: a que el trabajador labora en empresas demasiado pequeñas (el número mínimo para sindicalizarse es de 8 empleados), a que trabaja en forma independiente, a que desconfía de las organizaciones que dicen representarlo y, en la mayoría de los casos, a que teme ser despedido.

Los sindicatos interempresas asoman la nariz
Convencidos de que la negociación interempresa les dará más poder a los organismos sindicales, la CUT y el gobierno están promoviendo que la negociación colectiva en las empresas vaya más allá del entorno privado de cada compañía. El cuadro muestra la afiliación a los distintos tipos de sindicato, y muestra que los formados con trabajadores de distintas empresas están cobrando mayor fuerza en la actualidad.

Confianza y desconfianza sindical
-El nivel de prácticas antisindicales en Chile es muy fuerte. Nosotros publicamos cada seis meses las empresas que resultan multadas por los tribunales y los niveles de hostigamiento son feroces. Todavía hay mucho rechazo del sector empresarial a los sindicatos. No le reconocen valor a tener una contraparte única, con la cual hablar y concordar temas que hoy son imposibles de conversar. La negociación colectiva es una de las principales herramientas que tiene este país para efectos de lograr una mejor redistribución del ingreso. Pero, lamentablemente, no se ocupa sino respecto de una minoría de los trabajadores, por las limitaciones que tiene. (Patricia Silva, directora del Trabajo)

-Es cierto que puede haber alguna desconfianza entre ciertos empresarios respecto a los sindicatos, pero no es la regla general. Los empresarios entienden que mientras mejor estén sus trabajadores, con buenos salarios y mayor capacitación, a la empresa le irá mejor. Pero siento que deberían ser mayores los esfuerzos de los empleadores para retribuir a su gente. El sindicalismo, por su parte, debe asumir que trabaja para que a la empresa le vaya mejor. Solo así los trabajadores van a progresar. El empresario no es el enemigo. (Hermann von Mühlenbrock, gerente general Gerdau AZA)

La parada empresarial
¿En qué pie de interlocución están los empresarios? Aunque no se pueda hablar de “la empresa” como una realidad unívoca, puesto que las hay de todas clases y tamaños, es interesante rescatar los planteamientos de ejecutivos emblemáticos como Hermann von Mühlenbrock y José Guzmán.

Nivel de conflictividad

José Guzmán
Vemos con preocupación lo que está pasando; se supone que se trata de una cuestión laboral, pero asoma fuerte el tema político. No ha quedado tan claro cuál es marco legal bajo el cual estamos sujetos y eso es muy complicado para la inversión y el desarrollo de cualquier actividad. Lo que están tratando de hacer algunos trabajadores es que en Chile prime una visión que se asocia a ciertos grupos políticos y que ven esto como una confrontación en vez de una cooperación.

Hermann von Mühlenbrock
Hay juicios de valor que son complicados, como cuando se dice que la empresa no da el ancho. El empresariado no es privativo de una clase social, una raza o un partido político. Los trabajadores tampoco lo son. Por lo mismo, nos preocupa que la autoridad vea en la operación normal de las empresas estrategias sistemáticas para fregar o reventar a los trabajadores. Esta es una falacia y no lo que corresponde. Con eso la autoridad está dando una señal que nos puede llevar a situaciones que en el pasado fueron muy malas. Eso es más grave y peligroso que todo lo que pasó en Codelco.


Deudas pendientes

Guzmán
La principal causa de la desigualdad es la educación. En lo estrictamente laboral la primera y más obvia de las obligaciones de las empresas es que paguen a su gente lo mejor posible, pero estoy convencido que la ley más efectiva de todas es la que permite que haya más trabajo que trabajadores. Falta en la legislación esa fl exibilidad que permita que se creen más puestos de trabajo.

Von Mühlenbrock
Chile debería tener un ingreso per cápita de 20 mil dólares y sin pobres, con sueldos que permitan vivir dignamente. En Gerdau AZA no hay nadie que gane menos de 300 mil pesos y mi experiencia en la Sofofa y Asimet es que la gran mayoría de las empresas medianas y grandes hacen un tremendo esfuerzo y pagan remuneraciones razonables. Pero no se les puede exigir a todas igual. Creo, eso sí, que se debe avanzar en el clima de cooperación entre empresarios y trabajadores y que haya más participación de estos últimos en las utilidades de las empresas.

Negociación interempresas

Guzmán
Sería un error garrafal aceptar la negociación por ramas de actividad. Muchos trabajadores se encandilan con este mecanismo. Y no siempre el número hace la fuerza. Nosotros tenemos empresas donde hay 2.500 personas trabajando y otras cuyas plantas no superan las cien. Y el nivel de remuneraciones que alcanzan unos y otros no tiene que ver con cuántos hicieron una mejor negociación vía sindicato, sino con el aporte de cada cual a la productividad del negocio.

Von Mühlenbrock
Uno de los pilares de las buenas relaciones laborales es que la negociación colectiva se desarrolle al interior de la empresa, porque es lo que permite la cercanía y el conocimiento real de los problemas y circunstancias de cada lado.

Cuando esa negociación se lleva a una tercera instancia, las cosas se vuelven mucho más políticas y viscerales. Puede ser que en empresas o actividades donde el valor del trabajador solo está dado por la mano de obra que aporta el número haga la fuerza, pero no es así cuando el trabajador es considerado como un aporte sustancial al proceso productivo.

El poder de los sindicatos

Guzmán
“Mientras más conozco a la gente más creo en los números”. En el mundo la sindicalización es de 11,5%, en Chile 12% y en Agrosuper 14%. Sin embargo, en nuestras empresas el 90% de los trabajadores participa de negociaciones colectivas o tiene contratos colectivos y todos ganan muy por sobre el sueldo mínimo. A veces, los sindicatos quieren monopolizar la relación de los trabajadores con la empresa y cualquier cosa distinta a eso, como formar grupos para lograr una vivienda, temas de salud y mejoras salariales son vistos como una práctica antisindical.

Von Mühlenbrock
El 90% de los trabajadores de nuestra empresa central están sindicalizados y tenemos una estupenda relación laboral. Sin embargo, sindicato no es necesariamente sinónimo de mejores garantías y conozco muchas empresas que no los tienen y cuyos trabajadores reciben excelentes remuneraciones.

El mundo de los subcontratados

Guzmán
En nuestras empresas, todos quienes tienen una relación directa con los productos son trabajadores de planta. Solo externalizamos servicios anexos como aseo, transporte, mantención o seguridad. Con 13 mil trabajadores de planta y seis mil externos, no hay dos personas que hagan lo mismo y ganen diferente. Además, nos preocupamos que las empresas subcontratistas paguen bien a su gente.

Von Mühlenbrock
Una empresa puede externalizar sus servicios en tareas puntuales o esporádicas, pero no puede tener a trabajadores que hagan lo mismo en categorías distintas. El trabajo genera valor y eso significa la misma compensación para el mismo trabajo, porque es la misma productividad.

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