Cómo EE UU planeó el golpe contra Allende desde 1970

Diez días después del golpe contra Allende, Richard Nixon designa a Henry Kissinger secretario de Estado. Asumió su cargo al día siguiente. Menos de un mes después, el 16 de octubre, Kissinger fue honrado con el Premio Nobel de la Paz.

El golpe militar que el 11 de setiembre de 1973 derrocó en Chile al presidente constitucional Salvador Allende y provocó un baño de sangre en ese país, fue decidido y planificado tres años antes, en 1970 y pocos días después de que la Unidad Popular resultara victoriosa en las elecciones celebradas el 4 de setiembre de ese año.

El entonces presidente estadounidense Richard Nixon y quien era su consejero de seguridad nacional, Henry Kissinger, luego secretario de Estado, intervinieron personalmente en la planificación del golpe contra Allende. Primero, intentaron forzar un pronunciamiento militar inmediatamente después de las elecciones y antes del 24 de octubre de 1970, el día en el que la elección de Allende debía ser ratificada por el Congreso chileno, dado que Allende no había obtenido en las elecciones la mayoría de los votos.

El plan fracasó. Luego decidieron que Allende fuese derrocado por un golpe (sin fecha fija) y trazaron un plan que incluyó, entre otras medidas, acciones secretas de la CIA en Chile, un cuidadoso ahogo de la economía chilena, un programa de asistencia y desarrollo militar a los países vecinos de Chile, entre ellos la Argentina, un apoyo manifiesto, aunque en las sombras, a los opositores de Allende y una campaña de propaganda persistente sobre supuestas restricciones a las libertades individuales y debilidad del régimen de Allende.

El golpe militar de setiembre de 1973, encabezado por el general Augusto Pinochet, terminó con la muerte de Allende en el Palacio de la Moneda, asaeteado con absoluta precisión por cohetes disparados por aviones de la Fuerza Aérea, y desató una ola de asesinatos y violaciones a los derechos humanos por los que Pinochet nunca fue sentenciado, quedando impunes todos sus crímenes.

La participación directa de Nixon y Kissinger en el golpe contra Allende quedó revelada cuando el gobierno norteamericano liberó del secreto a una serie de documentos a los que tuvo acceso Zona. Ya el 15 de setiembre de 1970, once días después del triunfo electoral de Allende, Nixon estaba fuera de sí. El presidente estadounidense había criticado durante diez años a sus rivales demócratas por permitir que se instalara un régimen comunista en Cuba, y ahora lo que él percibía -correctamente- como otra Cuba, había surgido a la vida durante su propia administración. Esa misma tarde, Nixon se reunió con Kissinger, con el director de la CIA, Richard Helms y con el secretario de Justicia, John Mitchell. Nixon le dijo a Helms que pretendía un mayor esfuerzo de la CIA para ver qué podría hacerse para evitar que Allende llegara al poder. Si hubiera una oportunidad en diez de librarnos de Allende, deberíamos probarla: si Helms necesitaba los millones, él los aprobaría.

El programa de ayuda a Chile sería interrumpido; su economía debía ser exprimida hasta que gritase. La conversación no era sino la prolongación de un pedido que el gobierno de los Estados Unidos había hecho el 8 de setiembre, cuatro días después del triunfo de Allende, a su embajador en Santiago, Edward Korry, para que preparara una evaluación a sangre fría de la posibilidad y probabilidad de un golpe militar y de los pros y contras involucrados en la organización de una futura y efectiva oposición chilena a Allende.

Aunque resulte curioso, todo lo anterior está narrado con candoroso cinismo por el propio Kissinger en su voluminosa obra Mis memorias, editadas ya hace casi veinte años en el país (Editorial Atlántida, 1979).

La confesión de Kissinger es la que abre camino a los documentos que permanecieron secretos durante veinticinco años y que revelan el drama de Chile, no demasiado diferente al de tantos países de América latina en los violentos años 70.

El primero de los documentos es precisamente un largo lamento del embajador americano en Santiago, cuando aún no había terminado el escrutinio chileno. Allende había confrontado con Radomiro Tomic, de la Democracia Cristiana y con Jorge Alessandri, del conservador Partido Nacional.

Edward Korry había llegado a la diplomacia tras ser nombrado embajador por John Kennedy. En 1967 llegó a Santiago de Chile y tres años después parecía conocer la sociedad chilena a la perfección. Además, tenía buena pluma, un hondo rencor y estaba aterrado ante el advenimiento de un gobierno izquierdista en Chile. Su documento Confidencial 747 dirigido al secretario de Estado de Nixon, William Rogers, dice: Chile votó con toda tranquilidad tener un estado marxista leninista. Es la primera nación en el mundo que hace esta elección libremente y a conciencia. El doctor Salvador Allende confirmó la sabiduría de la política soviética en América latina criticando la táctica revolucionaria de su modelo, Fidel Castro, al llegar al poder por la vía electoral (…) No hay ningún motivo para pensar que las fuerzas armadas chilenas puedan desencadenar una guerra civil o que algún otro milagro vuelva atrás su triunfo. (…) Más allá de que hayamos sufrido una amarga derrota, las consecuencias serán internas e internacionales. Las repercusiones tendrán un impacto inmediato en algunas regiones y en otras el efecto será retardado.

Igualar una guerra civil con algún otro milagro fue un flaco favor que Korry hizo a la fe. Pero los partidarios de Allende rugían su victoriosa alegría en las calles y el embajador no estaba para sutilezas. Por el contrario, su documento del día siguiente, ya con la confirmación del triunfo de Allende, revela que Estados Unidos puso manos a la obra de inmediato para impedir que asumiera el poder.

Libre por fin del cuidadoso lenguaje diplomático, Korry termina su segundo informe con un panorama económico de Chile (está en su mejor momento, posee 500 millones en moneda fuerte, más que los Estados Unidos per cápita. A partir del año próximo será el segundo productor más grande de cobre en el mundo, superando a la Unión Soviética, gracias a las enormes inversiones de las compañías norteamericanas) y con un anuncio que aún suena amenazante: Lamentablemente es Estados Unidos el que tendrá que apurar el paso. Mañana informaremos sobre las medidas que estamos tomando para enfrentar la nueva era. El liderazgo depende de, y me permito usar los términos españoles, cabeza, corazón y cojones. En Chile contaron con la cháchara, la charlatanería. (N. de la R. La frase de Korry figura en el original como cabeza, corazón and cajones, y le sigue la traducción: head, heart and guts.

Alguien apuró el paso antes que Estados Unidos. Un mes y once días después del triunfo electoral de Allende, en Chile estaba en marcha un golpe de Estado para impedir su asunción. Lo lideraba el general retirado Roberto Viaux Marambio. Y sus planes fueron revisados por Kissinger, que terminó por desalentar a Viaux, con escaso éxito, dado las pocas probabilidades que tenían los golpistas de impedir la llegada al poder de Allende. El 15 de octubre de 1970, según un Memorándum de Conversación se reunieron en la Casa Blanca Kissinger, el general Alexander Haig (que sería luego comandante de las fuerzas de la OTAN y enviado de Ronald Reagan a la Argentina durante la guerra de Malvinas) y, según el documento, el señor Karamessines. Tom Karamessines era entonces el director de operaciones secretas de la CIA. Los tres hombres analizaron los planes golpistas del general chileno: Evaluamos cuidadosamente las pretensiones de Viaux (…) Nuestra conclusión fue clara: Viaux no tenía más que un chance en veinte -tal vez menos- de lanzar un golpe con éxito. (…)

Se decidió entre los presentes que la Agencia (N. de la R. Es una referencia a la CIA) debe enviarle un mensaje a Viaux advirtiéndole sobre cualquier acción precipitada. Fundamentalmente nuestro mensaje debe decir: Hemos revisado sus planes (…) hemos llegado a la conclusión de que sus planes de golpe en estos momentos no pueden tener éxito. El fracaso podría reducir sus posibilidades en el futuro. Preserve su fuerza. Nos mantendremos en contacto. Llegará el momento en que usted junto con todos sus amigos podrán hacer algo. Seguirá gozando de nuestro apoyo (…) El doctor Kissinger planteó su deseo de que la palabra de aliento a los militares chilenos en las últimas semanas se guardara en el más estricto secreto.

Al día siguiente, Richard Helms, director de la CIA, envió a Santiago un mensaje inmediato y personal para que sus agentes en la capital chilena hicieran llegar a Viaux Marambio el mensaje de Kissinger. Pero el documento contiene un párrafo que deja al desnudo las verdaderas intenciones de Estados Unidos: impedir por la fuerza que la elección de Allende fuese confirmada por el Congreso chileno que se reuniría el 24 de octubre.(…)

(2)Es una política firme y constante que Allende sea derrocado por un golpe. Sería preferible que esto sucediera antes del 24 de octubre aunque los esfuerzos en ese sentido seguirán enérgicamente después de esa fecha. tenemos que seguir generando el máximo de presión hacia ese fin empleando todo recurso adecuado. Es imperativo que estas acciones se implementen clandestinamente y con seguridad, de manera que la mano norteamericana y la de su gobierno permanezcan bien ocultas.

Mientras tanto esto nos impone un alto grado de selectividad para establecer contactos militares, y obliga a que esos contactos se hagan de la manera más segura (…)Era el 16 de octubre de 1970. Habían pasado sólo cuarenta y dos días del triunfo electoral de Allende.

El 22 de octubre, seis días después de ese cable de la CIA y dos días antes de la Asamblea del Congreso chileno, el jefe del ejército, general René Schneider, salió de su casa a las ocho y cuarto de la mañana. Schneider había sido nombrado por el presidente saliente, Eduardo Frei Montalva; había desoído todos los pedidos que le hicieron para que quebrara el orden constitucional y había sido ratificado en su cargo por Allende. A poco de dejar el Barrio Golf donde vivía, su auto fue interceptado por tres vehículos del que bajaron varios hombres. Schneider fue baleado y murió el 25 de octubre, luego de que Allende fuese ratificado por el Congreso. Como cabeza del complot para asesinar a Schneider fue señalado el general Viaux Marambio, que fue detenido y condenado a veinte años de cárcel y cinco de exilio acusado de ser coautor del crimen. En diciembre de 1972 un tribunal militar le rebajó la pena a dos años y mantuvo la condena al exilio. Viaux partió de Chile el 4 de setiembre de 1973, una semana antes del golpe de Pinochet.

Kissinger no duda de la responsabilidad de Viaux Marambio en el asesinato de Schneider. Dice en sus memorias: Entonces, el 22 de octubre, el grupo Viaux, al cual explícitamente se le había dicho que desistiera por medio de la CIA el 17 de octubre, prosiguió por su cuenta, desafiando a la CIA y sin nuestro conocimiento. Trataron de secuestrar al general Schneider y estropearon todo. Schneider sacó su pistola en defensa propia y fue herido mortalmente. La poco disimulada indignación de Kissinger es también un reconocimiento de hasta qué punto él y el gobierno de Nixon estaban comprometidos en el complot contra Allende, que aún no había asumido el gobierno.

Por fin, Salvador Allende recibió la banda presidencial de manos de Eduardo Frei el 3 de noviembre de 1970. Ese mismo día, Nixon perdió la mayoría en las dos cámaras del Congreso, tras las elecciones que pusieron en juego 435 bancas de diputados y 35 de senadores. Ese mismo martes, en Washington, el secretario ejecutivo del Consejo Nacional de Seguridad (NSC), Theodore L. Eliot Jr., elaboraba el Documento de opciones sobre Chile que sería sometido al NSC en la reunión programada para dos días después. La copia lleva como encabezado: Memorándum para el señor Henry Kissinger – Casa Blanca. Se detallan los peligros que, para los Estados Unidos, implicaba el gobierno de Allende y sugiere varias opciones y cursos de acción a seguir por el gobierno de Nixon.

A lo largo de quince páginas el NSC señala que Allende (…) Buscará establecer en Chile un sistema autoritario guiado por los principios marxistas. A tal fin dará los pasos para a) Colocar toda actividad económica significativa bajo el control del Estado, incluida la nacionalización de las industrias básicas, b) Ganar el control de las fuerzas de seguridad y de las fuerzas armadas y c) Dominar los medios de comunicación masivos. Allende es un marxista y será fiel a sus metas marxistas, aunque en sus tácticas pueda ser un pragmático que, en tanto y en cuanto convenga a sus fines, podría llegar a tolerar soluciones menos radicales.

El documento afirma que (…) El gobierno de Allende tendrá un profundo sesgo antinorteamericano. (…) Es probable que Chile se convierta en refugio de subversivos latinoamericanos y en escenario para movimientos subversivos en otros países. (…) Con toda seguridad llevará a cabo finalmente su intención de reconocer y establecer relaciones diplomáticas con otros países socialistas, incluidos Vietnam del Norte, China comunista, Corea del Norte y Alemania del Este.

No deja de ser irónico que lo que el gobierno de Nixon consideraba peligroso para Chile y América latina, relaciones diplomáticas con China comunista, haya sido dos años más tarde la decisión adoptada por el propio Nixon y uno de los pocos actos de gobierno que pueden exhibirse como uno de sus logros políticos. El documento del NSC aconseja al gobierno de Nixon mantener una actitud deliberadamente moderada hacia Chile. De esta manera mantendríamos y ejerceríamos nuestra influencia en Chile y tendríamos una considerable flexibilidad e iniciativa, en tanto que aprovechamos al máximo las oportunidades para continuar con nuestros objetivos. Es obvio que la expresión nuestros objetivos encierra el golpe militar que impulsaba Estados Unidos. El documento del NSC sugiere cuatro opciones a seguir por Nixon marcadas por las letras de la A a la D y graduadas como moderadas (la A) hasta drásticas (la D). No es posible resumirlas todas, pero sí se debe mencionar la opción C, sintetizada como: Mantener una postura aparentemente correcta, pero pero dejar en claro nuestra oposición al surgimiento de un gobierno comunista en Sudamérica; actuar en favor de mantener la iniciativa en la relación cara a cara con el gobierno de Allende. Esta opción se plantearía en la convicción de que un modus vivendu satisfactorio es en última instancia imposible; que las confrontaciones son, tarde o temprano, inevitables; (…) que lo más importante es que trabajemos para mantener la iniciativa en tanto le negamos flexibilidad a Allende (…) Como curso de acción respecto al gobierno de Allende, la opción C expresa, entre otras medidas: (…) No brindar apoyo a la renegociación de la deuda chilena. Vetar los pedidos chilenos de préstamos ante el Banco Internacional de Reaseguro y Fomento (N. de la R. Luego sería el Banco Mundial), el BID y el Eximbank, debido a las expropiaciones y políticas económicas. Desaconsejar la inversión norteamericana, de terceros países y multilateral privada en Chile. Acogerse tan pronto como corresponda a las provisiones de la ley de asistencia extranjera para (…) Negar asistencia al país dominado por un movimiento comunista internacional. (..) Negar asistencia económica a los países que comercien con Cuba o Vietnam del Norte. (…) Si se hace evidente la hostilidad antinorteamericana, desalentar el turismo y los viajes a Chile (…) Si Chile comenzara el tráfico comercial aéreo con Cuba, no brindar asistencia a las aerolíneas chilenas, ni nuevos equipos, ni rutas.

Luego el documento aconseja medidas a tomar en el ámbito militar: Si Chile comienza a comerciar con Cuba: mantener la vigilancia de los barcos chilenos que transiten por el Canal de Panamá. Llamar la atención a nuestros aliados de la OTAN sobre la necesidad de que ellos apoyen nuestros intereses de seguridad en el hemisferio occidental. (…) Si Chile desarrolla lazos de seguridad con la URSS: aumentar significativamente la cooperación en seguridad con otros países suda-mericanos: Ofrecer a la Argentina la venta de F-4 en términos favorables. N. de la R. Se refiere a aviones de guerra) Proporcionar material selectivo del Plan de Ayuda Militar (MAP) a la Argentina y Brasil. Brindar apoyo a la Argentina en su reclamo sobre el Canal de Beagle (…) Aumentar la asistencia de seguridad interior (MAP y seguridad pública) para Uruguay, Paraguay y posiblemente Bolivia, en base a la amenaza de sufrir una exportación subversiva chilena.

El documento incluye acciones destinadas a las fuerzas políticas no marxistas de Chile y aconseja Brindar un apoyo articulado, tanto a nivel público como privado, a los elementos democráticos en Chile que se opongan al régimen de Allende por todos los medios que se consideren adecuados. (…) Hacer propaganda de manera continua sobre las restricciones a las libertades individuales y la debilidad del régimen de Allende.

El 9 de noviembre de 1970, el sexto día de gobierno de Allende, Henry Kissinger estampó su firma en el Memorándum 93 de Decisión sobre Seguridad Nacional – Ultrasecreto. Sensible. Personal. En él informa que Nixon (…) decidió que la base de nuestra política respecto de Chile estará encuadrada en el concepto vertido en la Opción C del documento interdepartamental presentado el 3 de noviembre. El golpe contra Allende se puso en marcha desde entonces.

Tampoco la CIA, cuyo director colaboraba en forma estrecha con Kissinger y Nixon, fue ajena al golpe. No es un secreto. Pero uno de los documentos desclasificados lo certifica por primera vez. Es un Informe sobre las actividades de la Fuerza de Tareas chilena de la CIA entre el 15 de setiembre y el 3 de noviembre de 1970. Su encabezamiento dice: El 15 de setiembre de 1970 se le encomendó a la CIA que tratara de impedir que el marxista Salvador Allende asumiera la presidencia de Chile el 3 de noviembre. Esta tarea debía ser independiente de los esfuerzos simultáneos que se llevaban a cabo a través o con el conocimiento del Comité 40, el Departamento de Estado y el embajador Korry. El documento revela: Se formó una fuerza de tareas chilena y se puso en funcionamiento tres días después de que se le asignara la misión a la CIA. Fue conducida por (Tachado) y (Tachado)

de alta calificación para la CIA. Fueron llamados de (Tachado) especialmente para este fin. Se formó una comisión simultáneamente en Santiago de Chile y Buenos Aires, Argentina, para manejar el delicado tráfico de cables para la fuerza de tareas. (N. de la R. En setiembre de 1970 gobernaba a Argentina el general Roberto M. Levingston, segundo presidente de la llamada Revolución Argentina) (Párrrafo tachado) Consistió en cuatro oficiales de la CIA con el aspecto, idioma y experiencia capaz de representar diferentes nacionalidades extranjeras. Fueron llamados desde sus puestos en el extranjero a Washington, instruidos e insertados individualmente en (Tachado) de Chile. En Santiago, su único contacto norteamericano era un oficial de la CIA que había residido en Santiago (Tachado) establecieron contactos con los intermediarios chilenos interesados en promover un golpe militar- A raíz de un arreglo especial (y único) solicitado por la CIA, el agregado militar de los EE.UU. en Santiago se puso bajo la dirección operativa del Jefe del Centro de la CIA allí. Su asistencia y contactos con militares chilenos fueron inestimables en este programa.

Chile se cubrió de sangre desde el 11 de setiembre de 1973. Dos meses después del golpe, el 15 de noviembre, un informe del Departamento de Estado titulado Ejecuciones en Chile reveló, entre otras cifras del terror, que los fusilamientos reconocidos por el gobierno de Pinochet eran 100, que las fuentes de inteligencia afirmaban que eran 320 y que otras 40 personas habían muerto al intentar huir de la custodia militar. Que entre siete y ocho mil personas habían sido detenidas en el Estadio Nacional de Santiago y que sólo 6.500 habían sido liberadas. El informe destacaba en las conclusiones que el total de muertos a dos meses del golpe era: Según autoridades chilenas 600, aproximadamente; según un artículo de Newsweek del 8 de octubre: 2.796; según el artículo del The Washington Post del 21 de octubre sobre la declaración del director de la CIA, William Colby al Comité del Congreso: 2.000 o 3.000

El documento afirma: Los líderes chilenos justifican estas ejecuciones como totalmente legales al aplicar la ley marcial bajo lo que denominan un estado de sitio en tiempos de guerra. Diez días después del golpe contra Allende, el 21 de setiembre de 1973, Richard Nixon designó a Henry Kissinger secretario de Estado. Asumió su cargo al día siguiente. Menos de un mes después, el 16 de octubre, Kissinger fue honrado con el Premio Nobel de la Paz.

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Una respuesta a “Cómo EE UU planeó el golpe contra Allende desde 1970

  1. Lo de siempre, EEUU mete sus manos en cada parte del mundo donde vea amenazados sus intereses, aun el día de hoy. Nunca se sabrá como habría sido un camino como el encabezado por Allende, si no se le hubiese atacado y bloqueado. Lo que resulta tragicómico es el premio de la paz a un individuo como Kissinger, cuya estatura moral, sólo comparable a la de Nixon, no existe y son responsables de muchísimas muertes. Creo que equivale haberle dado este premio a Hitler.

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