Va a costar leer o saber algo más de “El diario de Agustín”, el último documental de Ignacio Agüero y Fernando Villagrán. Mal que mal nos recuerda que el periódico que ostenta con orgullo ser el más influyente de Chile tiene todavía el mismo poder que tuvo en dictadura, el de decidir quién está o quién no está en la palestra.
Porque al documental no le van a hacer una mala crítica, no le pondrán pocas estrellitas en su sistema de calificación cinematográfica, simplemente no dirán nada, como si no existiera este mal rato que vuelve a poner candente la reflexión sobre la responsabilidad de los medios de comunicación en dictadura.
Pero ahí está un documental valiente que gira, no sólo sobre el silencio, sino sobre las mismas acciones de encubrimiento que “El Mercurio” efectuó. Y su osadía no está tanto en mostrar algo que no sabíamos, porque ya nadie duda sobre el papel que el decano tuvo en dictadura, sino poner la impunidad actual como tema.
Cuando el documental fue estrenado en el Festival de Documentales de Santiago Fidocs, una vez terminada la función, el público, especialmente joven, no comentaba si había sido bueno o malo, decía “es más fácil tener de enemigo a Bin Laden que a Edwards” o se preguntaba ¿Y tú, trabajarías en El Mercurio? Esos comentarios no son anecdóticos, hablan justamente del poder que tiene un documental como este para levantar polvo, en aquellos que hoy pueden escribir la historia, desmintiendo la aceptación que estos temas pertenecen al pasado.
Estructurado en seis episodios y un epílogo, “El diario de Agustín” retrata el trabajo de un grupo de alumnos tesistas de la Universidad de Chile que investigan diferentes casos en los que El Mercurio tuvo participación directa ya sea encubriendo o desinformando, como la Operación Colombo cuando publicó el nombre de 119 izquierdistas asesinados supuestamente por sus propios compañeros o el caso de Marta Ugarte, que apareció en los medios como crimen pasional cuando en realidad fue torturada y lanzada al mar. A través de archivos de la época y con entrevistas a periodistas y editores de esos años “El diario de Agustín” va descubriendo las groseras manipulaciones. Y es acá donde está buena parte de la gracia del documental, las frases para el bronce que lanza, por ejemplo Álvaro Puga (ex asesor de la junta militar), son de grueso calibre, “para nosotros matar comunistas era una necesidad biológica. Matamos muchos, pero para mí, que nos quedamos cortos”, afirma el periodista.
Si bien “El diario de Agustín” es clásico en su estructura -entrevistas, imágenes de archivo- tiene potencia suficiente para hacer preguntas al espectador y ponerlo contra la pared. El documental es claramente un llamado a la conciencia, sobre ese “respeto honorario” que se tiene del periódico. Nadie se quiere meter con “El Mercurio”, porque meterse con él, es meterse con el Poder, con mayúscula, pero la cinta de Agüero y Villagrán nos recuerda que la imprudencia sigue siendo un valor que vale la pena desempolvar.