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Pisando Huevos

Diciembre 15, 2008 · 1 comentario

Va a costar leer o saber algo más de “El diario de Agustín”, el último documental de Ignacio Agüero y Fernando Villagrán. Mal que mal nos recuerda que el periódico que ostenta con orgullo ser el más influyente de Chile tiene todavía el mismo poder que tuvo en dictadura, el de decidir quién está o quién no está en la palestra.

Porque al documental no le van a hacer una mala crítica, no le pondrán pocas estrellitas en su sistema de calificación cinematográfica, simplemente no dirán nada, como si no existiera este mal rato que vuelve a poner candente la reflexión sobre la responsabilidad de los medios de comunicación en dictadura.

Pero ahí está un documental valiente que gira, no sólo sobre el silencio, sino sobre las mismas acciones de encubrimiento que “El Mercurio” efectuó. Y su osadía no está tanto en mostrar algo que no sabíamos, porque ya nadie duda sobre el papel que el decano tuvo en dictadura, sino poner la impunidad actual como tema.

Cuando el documental fue estrenado en el Festival de Documentales de Santiago Fidocs, una vez terminada la función, el público, especialmente joven, no comentaba si había sido bueno o malo, decía “es más fácil tener de enemigo a Bin Laden que a Edwards” o se preguntaba ¿Y tú, trabajarías en El Mercurio? Esos comentarios no son anecdóticos, hablan justamente del poder que tiene un documental como este para levantar polvo, en aquellos que hoy pueden escribir la historia, desmintiendo la aceptación que estos temas pertenecen al pasado.

Estructurado en seis episodios y un epílogo, “El diario de Agustín” retrata el trabajo de un grupo de alumnos tesistas de la Universidad de Chile que investigan diferentes casos en los que El Mercurio tuvo participación directa ya sea encubriendo o desinformando, como la Operación Colombo cuando publicó el nombre de 119 izquierdistas asesinados supuestamente por sus propios compañeros o el caso de Marta Ugarte, que apareció en los medios como crimen pasional cuando en realidad fue torturada y lanzada al mar. A través de archivos de la época y con entrevistas a periodistas y editores de esos años “El diario de Agustín” va descubriendo las groseras manipulaciones. Y es acá donde está buena parte de la gracia del documental, las frases para el bronce que lanza, por ejemplo Álvaro Puga (ex asesor de la junta militar), son de grueso calibre, “para nosotros matar comunistas era una necesidad biológica. Matamos muchos, pero para mí, que nos quedamos cortos”, afirma el periodista.

Si bien “El diario de Agustín” es clásico en su estructura -entrevistas, imágenes de archivo- tiene potencia suficiente para hacer preguntas al espectador y ponerlo contra la pared. El documental es claramente un llamado a la conciencia, sobre ese “respeto honorario” que se tiene del periódico. Nadie se quiere meter con “El Mercurio”, porque meterse con él, es meterse con el Poder, con mayúscula, pero la cinta de Agüero y Villagrán nos recuerda que la imprudencia sigue siendo un valor que vale la pena desempolvar.

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La Crisis Finaciera es un Escándalo

Octubre 12, 2008 · Dejar un comentario

Ulrich Thielemann, del Instituto de Ética Económica en la Universidad de San Gall, entiende que la crisis financiera genere miedo e indignación en la gente.

Ya no se puede confiar ciegamente en el mercado, señala. Se necesita un cambio fundamental en las doctrinas económicas y también en la mentalidad de los banqueros. Entrevista.

El pasado lunes, la Bolsa suiza sufrió el batacazo más importante desde el 11 de septiembre de 2001.

El miércoles, seis bancos centrales, entre ellos el Banco Nacional Suizo, la Reserva Federal de Estados Unidos y el Banco Central Europeo, bajaron los tipos de interés en un intento por aumentar la confianza en el sistema financiero.

La crisis financiera estadounidense se ha extenido a Europa y otros continentes. La gente está preocupada e indignada. Durante años los altos ejecutivos embolsaron sus bonos. Ahora es el Estado, o sea, los contribuyentes quienes pagan los platos rotos. Durante años se privatizaron los beneficios, ahora se nacionalizan las pérdidas.

¿Puede comprender la indignación de la gente por la crisis financiera?

Ulrich Thielemann: No sé cómo no se puede llegar a comprender la indignación de la gente. Lo que está ocurriendo es tan escandaloso que resulta difícil describirlo. El mercado de capitales ha ganado en las últimas décadas un poder inmenso, lo cual nos ha conducido a una situación de tremenda iniquidad.

El mercado abierto ha montado un gran casino y las autoridades inspectoras no sólo no lo han impedido, sino que lo han incluso incitado. Ahora son los ciudadanos de a pie los que tienen que pagar los descalabros. Es un escándalo.

La población teme que más adelante la crisis también afecte a las cajas de pensiones. ¿Son temores realistas?

U.T.: Eso no lo puede afirmar, no soy un experto en mercados financieros. Soy experto en ética económica, me ocupo de modelos de reflexión. En todo caso, la crisis confirma los temores respecto a la financiación de un porcentaje sustancial de la previsión para la vejez a través del mercado de capitales. Los riesgos son inmensos.

Ulrich Thielemann

Ulrich Thielemann   (zvg)

Existen cuatro métodos para solucionar la crisis: el Estado compra los créditos ‘tóxicos’, garantiza los ahorros, compra participaciones de los bancos afectados o no interviene. ¿Cuál es la mejor solución?

U.T.: Esos métodos no solucionan la crisis, sólo sirven para apagar el fuego e impedir una crisis económica mundial. Y es que el capital no sólo está vinculado a un abalorio de accionistas, sino a la economía real, es decir, al mercado crediticio, y nosotros, la población, nos hemos convertido en rehenes.

La primera solución es probablemente la peor. Una combinación entre la segunda y la tercera sería lo más conveniente, en mi opinión. No debemos, sin embargo, limitarnos a soluciones de corto plazo.

Muchos Estados miembros de la Unión Europea (UE) dieron garantías para los depósitos de ahorro de sus ciudadanos. También el Gobierno suizo quiere proteger a los clientes de los bancos. ¿Es una medida acertada?

U.T.: Los ahorros son dinero que la gente ha ganado con su sudor. Francamente, en esos ahorros ha puesto sus miras el capital. En última instancia, se produciría una catástrofe —y pienso en la crisis económica mundial de 1929—, si se retiraran esos ahorros de las cuentas bancarias. Por eso pienso que es una medida acertada si los Estados dan garantías.

Usted como experto en ética de negocios, ¿propone una solución concreta?

U.T.: Una de las principales causas de la crisis son las bonificaciones. Un banco vendió a otro banco o inversor ‘basura tóxica’ financiera, y a través de esta compraventa, ambas partes se han embolsado grandes bonificaciones. Esta cascada tiene que terminar.

Para ello necesitamos una regulación, a pesar de la oposición de esos señores. Se tienen que recortar drásticamente las participaciones que se distribuyen a los ejecutivos en forma de indemnizaciones variables. Entonces podrían volverse a concentrar en la calidad de sus negocios, en lugar de ir a la caza de la siguiente bonificación en su codicia irresponsable.

Eso se debería coordinar en el ámbito internacional. Estamos en una economía global y por eso necesitamos soluciones globales. La causa profunda de esta crisis reside en la confianza ciega en el mercado: cuánta más codicia, mejor para todos. Esto es una gran equivocación. También la política ha fracasado, porque no quiso intervenir como fuerza reguladora en la economía.

Gracias a Dios, ahora se acabó la confianza en el mercado, al tiempo que reventó la burbuja hipotecaria. Ahora está libre el camino para encontrar soluciones que busquen el bienestar de todos, objetivo para el cual estaba pensada al principio la economía de mercado. Los expertos, que espero entiendan mejor que yo los mecanismos de los mercados financieros, deberían dejar de confiar ciegamente en los mercados. Sólo después habrá soluciones justas para todos.

¿Usted cree realmente que el gremio de los banqueros aprenderá de esta crisis?

U.T.: Para sacar las conclusiones acertadas necesitamos el personal adecuado: necesitamos directivos que saben lo que significa integridad y qué es indispensable; gente que no corre detrás de la zanahoria de las gratificaciones y banqueros menos presumidos que los de hoy.

Lo que está pasando, es prácticamente lo que predican los manuales económicos: la maximización de las utilidades. Esos libros no hablan de avidez desde luego, hablan de ‘racionalidad’. Si uno no se somete a esta lógica, actúa de manera irracional…

Esto tiene que cambiar. Tiene que cambiar la formación profesional y la enseñanza universitaria. Y eso de manera profunda, porque se trata de las bases de la doctrina económica con las que llegan a la vida profesional los nuevos titulados en banca. Se trata de una tarea a largo plazo, sólo así se puede solucionar el problema

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