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Entradas de Diciembre 2008

Documental que Agustín Edwards no quiere ver

Diciembre 15, 2008 · Dejar un comentario

Una película que revela los detalles de los montajes y silencios de “El Mercurio” para cooperar con la DINA, la CNI y la dictadura militar.

Beatriz Undurraga está sentada en un sillón. De polera rosada, mirada inquieta o mejor dicho, nerviosa intenta dar explicaciones frente a una cámara que la graba, sobre el montaje que ayudó a construir para ocultar el asesinato de la dirigenta comunista Marta Ugarte. Con el título: “Asesinada hermosa joven”, la mítica periodista policial de “El Mercurio” quien fue “funada” en varias ocasiones y retratada por Fuguet en el libro “Tinta roja” relataba en septiembre de 1976 un crimen pasional que habría dado muerte a una “atractiva joven de 23 años”. Con esta nota, “El Mercurio” ayudó a la DINA a tapar un error operativo. Marta Ugarte había sido asesinada en Villa Grimaldi y lanzada al mar dentro de un saco amarrado a su cuello con un alambre. A pesar de todas las precauciones de los militares, el cadáver fue devuelto a la playa La Ballena, en Los Molles. Todavía conservaba el alambre en su cuello cuando Beatriz Undurraga lo vio.

Entonces, Marta Ugarte tenía 42 años, no 23, y había muerto producto de las torturas, no de un crimen pasional, pero el diario de Agustín Edwards contó otra historia. Pablo Honorato publicó lo mismo en “Las Últimas Noticias”, a pesar de que también vio el cuerpo. Beatriz Undurraga dice que pensó que era más joven por su delgadez, quizás producto de que no había comido mientras estaba presa.

Cómo “El Mercurio” y el Gobierno militar fraguaron éste y otros montajes es parte del relato presentado por el director Ignacio Agüero en el documental “El diario de Agustín”, que verá la luz en Buenos Aires el próximo 19 de octubre en el marco del Festival DocBsAs, donde el 2005 la historia de esta cinta se ganó el premio para desarrollo de proyectos. En 80 minutos, la película relata cómo Agustín Edwards Eastman, el quinto Agustín de la influyente dinastía mercurial, ayudó a provocar el golpe de Estado junto a la CIA y después a callar, ocultar o justificar los crímenes de la dictadura, incluso mediante mentiras.

A pesar de las evidencias, Hermógenes Pérez de Arce tiene una visión distinta sobre el rol del “decano” en esos años. “El Mercurio” desempeñó su función periodística perfectamente e informó todo lo que se conocía y se sabía, e incluso contenía muchas críticas al Gobierno militar, porque reproducía lo que se decía en el extranjero en su sección de cable [”Chile en el exterior”]. Sólo en los primeros días después del golpe, el diario tuvo más control, pero después de eso hubo completa libertad para informar”, asegura Hermógenes, que aunque no aparece en el documental, fue entrevistado durante la investigación previa.

El intento frustrado del “Dunny”

Los realizadores quieren invitar al diario de los Edwards al lanzamiento del documental. “Esto no es un panfleto contra ‘El Mercurio’; es una película, una investigación histórica. Además, es un tema que en todo este tiempo no ha sido abordado y este diario, siendo un actor central en la actividad política de Chile hasta hoy día, nunca ha dado una explicación de lo que hicieron”, dice el ex gerente general de la desaparecida revista “Apsi”, Fernando Villagrán, que hoy es el productor de este documental.

Pero claramente Edwards no lo verá con buenos ojos y ya hay antecedentes de esta certera predicción. Es que obviamente el magnate a escala chilena de la prensa, no quiere que sigan escudriñando una historia del pasado que lo desprestigia.

El 26 de octubre de 2007, Villagrán inscribió el título “El diario de Agustín” en el registro de marcas comerciales, para usarlo como nombre del documental. No hubo ninguna objeción en el plazo legal y después de tres días, el prestigioso estudio de abogados Alessandri presentó un recurso de nulidad a nombre de Agustín Edwards. Fue demasiado tarde. El título ya tenía dueño y el recurso fue desechado.

Pero el “Dunny”, apodo que recibió el empresario periodístico como informante de la CIA, no se dio por vencido y cuando Ignacio Agüero trató de inscribir el dominio eldiariodeagustin.cl en NIC Chile, nuevamente el estudio de Alessandri atacó y pidió que le asignaran el nombre a Agustín Edwards & Cía.

Entre los argumentos que esgrimieron están: que la concesión del nombre a Agüero “le causaría un gran perjuicio [a Edwards]”, ya que las personas tenderían a pensar que se trata de su página web, y el uso “insospechado” que se le puede dar al dominio, “afectando su reputación”.

Pero Agustín perdió el litigio en mayo de este año y el documental verá la luz la próxima semana en Argentina, para luego ser estrenado en Chile y exhibido en ciclos de cine nacionales.

Matar comunistas

“De asustarse, Agustín Edwards se podría asustar de su propios actos, porque el documental lo que hace es un registro histórico que tiene una indagación con archivos de hechos que vienen desde 1967 hasta hoy día. Estamos hablando de un protagonista de la historia de Chile que hoy día es muy poderoso y muy decisivo”, responde Fernando Villagrán frente a las acciones de Edwards, que se negó a hablar para la cinta. “Don Agustín no da entrevistas”, fue la respuesta de su secretaria después de los intentos de los periodistas que trabajaron en la investigación.

Sin embargo, el mundo mercurial también se hizo actor, gracias a las intervenciones de editores y periodistas que trabajaron en la empresa durante la dictadura. Juan Pablo Illanes, Raquel Correa, Álvaro Puga y Beatriz Undurraga, entre otros, aceptaron conversar con los investigadores.

“Matar comunistas en una época determinada era una necesidad biológica, prácticamente, de los militares”, dice Álvaro Puga frente a las cámaras. Este periodista, que entonces escribía columnas en “La Segunda” bajo el nombre de Alexis, fue el encargado de orquestar en Chile la difusión de la información falsa de la Operación Colombo. Hoy tiene un sitio web llamado “Despierta Chile”, que intenta mantener despierto un pinochetismo acérrimo.

Seis estudiantes de periodismo del Instituto de Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile (Hans Stange, Claudio Salinas, Elizabeth Harries, Paulette Dougnac, Raúl Rodríguez y María José Vilches), en el marco del Programa de Libertad de Expresión, fueron seleccionados por los realizadores y por la profesora Claudia Lagos el año 2005 para comenzar a investigar en enero de 2006. Además del documental, LOM va a publicar en un libro todas las investigaciones de estos ex estudiantes de Periodismo. Todos entre 24 y 35 años.

Claudia Lagos dice que cuando entrevistaron a los periodistas que trabajaron en “El Mercurio”, muchos tenían conciencia del lugar donde trabajaban, por lo que no intentaban publicar nada. Otros dicen que en ese tiempo no sabían mucho de estos casos y un grupo asegura que rebotaban las informaciones que no podían publicar a colegas de otros medios, sobre todo durante los años 80, en que surgió más prensa opositora.

Una portada y dos torturas

Iván Barra y Jorge Jaña eran veinteañeros cuando fueron detenidos violentamente por la CNI el 9 de abril de 1987. Seis días antes, el Papa Juan Pablo II había dado un discurso en el Parque O`Higgins, donde recibió a Carmen Gloria Quintana y grupos de izquierda protestaron con quema de neumáticos y gritos. Los incidentes provocaron la alerta de la CNI, que comenzó a buscarlos. “El Mercurio” hizo lo mismo que la central de inteligencia y el 9 de abril publicó en su portada: “Identificados los violentistas del PC en el parque”. El artículo incluía las fotografías de ambos jóvenes y había sido ordenado por el mismísimo Agustín Edwards. Los jóvenes fueron torturados en un cuartel de la CNI durante diez días, hasta que los dejaron en libertad, porque se comprobó que ellos ni siquiera habían ido al parque ese día, por lo que era físicamente imposible que hubieran participado en disturbios o manifestaciones.

“Yo no sé quién entregó la información a quién”, responde el ex vocero del régimen militar, Francisco Javier Cuadra, en la cinta. Luego de que Barra y Jaña fueron liberados, interpusieron una demanda por injurias y calumnias contra “El Mercurio”. Durante el juicio, Edwards dijo que Cuadra le había entregado la información con las fotos, pero Cuadra lo niega hasta el día de hoy y durante el juicio dijo que la CNI le entregó la información al dueño del “decano”. Edwards fue encargado reo y no pudo salir del país durante un año, pero la Corte de Apelaciones le concedió la libertad y el caso se cerró.

LND tampoco logró conversar con don Agustín. El año 2000 el “decano” cumplió 100 años y la periodista Raquel Correa tuvo que entrevistar a su jefe para la edición especial. En esa oportunidad le preguntó por el silencio de “El Mercurio” con respecto a las violaciones de los derechos humanos durante la dictadura de Pinochet. “El apasionamiento político de la época hizo que la violencia de los primeros meses del Gobierno fuera considerada por muchos, no sólo por el diario, como una consecuencia dolorosa, pero ineludible en el estado de enfrentamiento que reinaba en el país. Las cosas hay que juzgarlas en su contexto”, respondió. Y unas líneas más abajo, agregó: “No fue por temor ni por presiones que publicáramos poco de lo que ahora sabemos, sino porque no teníamos información seria sobre las acusaciones que en ese tiempo circulaban como rumores imposibles de confirmar”.

Villagrán dice que en el filme la relación de los periodistas de “El Mercurio”, así como la de su dueño, con la DINA y la CNI queda clara. “Los casos que se develan tienen que ver con muertes, tienen resultados criminales. Se muestra cómo ocultaron información, como cuando no informaron sobre la detención de toda la cúpula del PC, cuando evidentemente era un hecho noticioso”, dice Villagrán.

“Este documental habla de hechos que se han acallado y que son importantes de tratar en la construcción de una convivencia democrática, aparte de preguntarse por qué los sectores progresistas no son capaces de tener prensa”, agrega Ignacio Agüero.

La campaña de Agustín Edwards Eastman contra la reforma universitaria de la Universidad Católica (cuando los estudiantes de esa casa de estudios publicaron el famoso lienzo: “El Mercurio” miente), la coordinación con la CIA para derrocar a Allende y su viaje a Estados Unidos contado en lujo y detalle con documentos en mano, son algunos de los detalles que quiere develar este documental, que puede producirle fuertes dolores estomacales a don Agustín.

Categorías: Actualidad · Análisis · DD.HH.

¿Por qué “El diario de Agustín” ahora?

Diciembre 15, 2008 · 2 comentarios

Por Fernando Villagrán*

El nombre de Agustín Edwards está en la historia económica y política de Chile desde comienzos del siglo XIX y desde 1875 asociado a la propiedad del diario “El Mercurio”, fundado en Valparaíso algunas décadas antes. Agustín Edwards Ossandón,Agustín Edwards Ross, Agustín Edwards Mc Clure, Agustín Edwards Budge y Agustín Edwards Eatsman, cada uno con sus particulares talentos, han dado continuidad, a través de dos siglos, a una dinastía de hombres de fortuna, activos en los negocios, la política y la prensa.

Agustín Edwards Eatsman fue el heredero de un poder que lo llevó a transformarse, a comienzos de los años setenta, en cabeza del tercer grupo económico más importante del país. Después de una historia no exenta de contradicciones y vaivenes de la línea editorial de “El Mercurio”, al calor de la emergente historia democrática de Chile, a mediados de los años sesenta la creciente cadena de medios liderada por Agustín Edwards Eatsman asumió el liderazgo de las posiciones más conservadoras que se resistían al cambio de la sociedad chilena y asociaban esos intentos mayoritarios a la influencia del comunismo internacional, en el marco de la desatada guerra fría. En ese contexto, el diario combatió con fiereza la reforma agraria que ponía fin al injusto e ineficiente latifundio y demonizó una reforma de las universidades que apuntaba a la democratización de las anquilosadas estructuras que las regían y a cambios de los planes de estudio en una sociedad que pujaba por abrir puertas y ventanas a las mayorías excluidas y postergadas de los beneficios económicos y culturales y de la participación política y social.

El ataque furibundo de “El Mercurio” a la movilización de los estudiantes de la Universidad Católica conoció extremos inéditos, provocando la respuesta de los jóvenes reformistas -que contaban con el apoyo del cardenal Raúl Silva Henríquez en sus propuestas renovadoras- que instalaron en el frontis de la Alameda el cartel: “CHILENO, EL MERCURIO MIENTE”, el que de acuerdo a la historia que vendría ha quedado como un sello emblemático y vigente por más de cuatro décadas.

Baluarte de la llamada campaña del terror en contra de la candidatura presidencial de Salvador Allende, con epicentro en Estados Unidos como se demostraría luego hasta la saciedad en documentos desclasificados, tras su elección el 4 de septiembre de 1970, Agustín Edwards viajó a Washington.

En uno de los últimos documentos desclasificados de la CIA se lee el mensaje del Secretario de Estado Henry Kissinger al Presidente Nixon: “Agustín Edwards ha huido y llega aquí el lunes. Me voy a reunir con él el lunes”.

Las platas que obtuvo generosamente en su gestión directa ante los políticos más poderosos del mundo sirvieron al negocio del diario que tuvo en los años posteriores como su gran objetivo estimular el derrocamiento del gobierno de Allende. Edwards movió hilos desde el país del Norte y celebró el golpe militar a la distancia, regresando a Chile cuando la dictadura de Pinochet estaba bien consolidada y la DINA demolía a sus opositores.

En esa historia y en la que sigue hasta hoy, cuando la ya crecida cadena de medios que lidera el propietario de “El Mercurio” es un poder incólume y aparentemente incontrarrestable en la sociedad chilena, se inscribe el documental “El diario de Agustín”, que registra la indagación de un grupo de jóvenes periodistas egresados de la Universidad de Chile que realizan sus memorias de título esclareciendo la responsabilidad directa del diario en episodios de criminales violaciones a los derechos humanos.

Con frescura y valentía los jóvenes periodistas se adentran en sucesos de tiempos que no vivieron y revelan entramados silenciados durante décadas por el mismo diario a diferencia de otros actores protagónicos de los años más críticos de la vida nacional –incluidas las fuerzas armadas- que han asumido sus cuotas de responsabilidad en la destrucción de la democracia y sus dolorosas secuelas. La cadena de “El Mercurio” disfruta de una comodísima y glamorosa impunidad, asentada en los años 80 y luego al llegar la democracia en un salvataje económico de la quiebra propiciada generosamente por las autoridades de la época, acrecentando su influencia de poder transversal en el país, la que a veces –como devela la historia de esta película- reviste la forma de un temor inconmensurable a sufrir su castigo o censura en las páginas de la cadena de Agustín Edwards.

“¿Cómo pudimos vivir 30 años de silencio”, se preguntó el ex Presidente Lagos cuando se conoció el Informe Valech sobre prisión política y tortura. El mismo informe es explícito en el rol cómplice que le cupo a la prensa en esos hechos y “El diario de Agustín” se sumerge en aquellas espesas e ingratas aguas, las mismas que llevaron al Colegio de Periodistas, a mediados de 2008, a pedir público perdón por la participación de medios y colegas en criminales montajes tramados por los servicios de seguridad de la dictadura.

Hace más de 40 años el líder de los estudiantes reformistas de la Universidad Católica, Miguel Angel Solar, protagonizó un memorable debate público con el entonces Director de “El Mercurio”; pero ahora, cuando los jóvenes investigadores de “El diario de Agustín” quisieron sólo entrevistar, y por el medio que él eligiera, al dueño del diario, se encontraron con su negativa absoluta.

Es el silencio para eludir la necesaria cuenta con la historia a que se deben todos los actores públicos, más aún los que inciden en la formación de opinión ciudadana autocalificándose como “diariamente necesarios”.

Por eso y mucho más que podrá concluir cada uno a partir de lo que cuenta “El Diario de Agustín” es que nos pareció necesario realizar esta película. Porque este quinto Agustín Edwards es quizás más poderoso y relevante de los que antes llevaron el mismo nombre y apellido, con su protagonismo de cerca de medio siglo en la vida política, económica y cultural del país, la pregunta podría ser por qué no se hizo antes. La respuesta la intentan los jóvenes periodistas Eli, Hans, Claudio, Paulette, Pepa y Raúl en sus memorias de titulación. Ahora la palabra la tienen los espectadores.

*Economista, periodista, productor ejecutivo del documental “El diario de Agustín”

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Pisando Huevos

Diciembre 15, 2008 · 1 comentario

Va a costar leer o saber algo más de “El diario de Agustín”, el último documental de Ignacio Agüero y Fernando Villagrán. Mal que mal nos recuerda que el periódico que ostenta con orgullo ser el más influyente de Chile tiene todavía el mismo poder que tuvo en dictadura, el de decidir quién está o quién no está en la palestra.

Porque al documental no le van a hacer una mala crítica, no le pondrán pocas estrellitas en su sistema de calificación cinematográfica, simplemente no dirán nada, como si no existiera este mal rato que vuelve a poner candente la reflexión sobre la responsabilidad de los medios de comunicación en dictadura.

Pero ahí está un documental valiente que gira, no sólo sobre el silencio, sino sobre las mismas acciones de encubrimiento que “El Mercurio” efectuó. Y su osadía no está tanto en mostrar algo que no sabíamos, porque ya nadie duda sobre el papel que el decano tuvo en dictadura, sino poner la impunidad actual como tema.

Cuando el documental fue estrenado en el Festival de Documentales de Santiago Fidocs, una vez terminada la función, el público, especialmente joven, no comentaba si había sido bueno o malo, decía “es más fácil tener de enemigo a Bin Laden que a Edwards” o se preguntaba ¿Y tú, trabajarías en El Mercurio? Esos comentarios no son anecdóticos, hablan justamente del poder que tiene un documental como este para levantar polvo, en aquellos que hoy pueden escribir la historia, desmintiendo la aceptación que estos temas pertenecen al pasado.

Estructurado en seis episodios y un epílogo, “El diario de Agustín” retrata el trabajo de un grupo de alumnos tesistas de la Universidad de Chile que investigan diferentes casos en los que El Mercurio tuvo participación directa ya sea encubriendo o desinformando, como la Operación Colombo cuando publicó el nombre de 119 izquierdistas asesinados supuestamente por sus propios compañeros o el caso de Marta Ugarte, que apareció en los medios como crimen pasional cuando en realidad fue torturada y lanzada al mar. A través de archivos de la época y con entrevistas a periodistas y editores de esos años “El diario de Agustín” va descubriendo las groseras manipulaciones. Y es acá donde está buena parte de la gracia del documental, las frases para el bronce que lanza, por ejemplo Álvaro Puga (ex asesor de la junta militar), son de grueso calibre, “para nosotros matar comunistas era una necesidad biológica. Matamos muchos, pero para mí, que nos quedamos cortos”, afirma el periodista.

Si bien “El diario de Agustín” es clásico en su estructura -entrevistas, imágenes de archivo- tiene potencia suficiente para hacer preguntas al espectador y ponerlo contra la pared. El documental es claramente un llamado a la conciencia, sobre ese “respeto honorario” que se tiene del periódico. Nadie se quiere meter con “El Mercurio”, porque meterse con él, es meterse con el Poder, con mayúscula, pero la cinta de Agüero y Villagrán nos recuerda que la imprudencia sigue siendo un valor que vale la pena desempolvar.

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