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“No es razonable que una empresa tenga 150 RUT”

Diciembre 24, 2007 · No Comments

Dedicado por completo a sacar adelante y a tiempo las megacentrales de Aysén, una de las cabezas del grupo Matte analiza las complejidades del más importante proyecto energético que se haya hecho en Chile. Defiende la energía hídrica, cuestiona la opción nuclear y critica la campaña en contra de las represas. De paso dispara contra las empresas que obstaculizan la sindicalización utilizando múltiples razones sociales.

 Debe ser el más hippie entre los grandes empresarios chilenos. O por lo menos de la elite tradicional nacional. Mientras da la entrevista, Bernardo Matte Larraín suelta fácilmente frases como “uno siempre quiere seguir tratando de cambiar al mundo” o “a mí me interesa mucho la ecología”. Declaraciones que evidencian que aún conserva algunos rasgos del hippismo que siguió en su juventud, en los años sesenta. Claro que hace rato dejó de ser idealista y hoy es realista, “porque uno tiene que vivir de realidades”, dice. Pero asegura ser un defensor de las ballenas azules del golfo de Corcovado, en Chiloé. “Las conocí mientras navegaba en mi yate Pisco Sour y la experiencia de verlas es realmente emocionante”, cuenta.

Amante del montañismo y del mar “si no voy seguido, me pongo de mal genio”, confiesa , el menor de los integrantes del influyente clan Matte Larraín reparte su tiempo entre las regatas y las mesas directivas que ocupa en Copec, la Bolsa de Comercio y en las empresas de la familia: la Papelera, Colbún y el Banco Bice, en estas dos últimas como presidente.

Sin embargo, hoy está concentrado casi al ciento por ciento en sacar adelante la más emblemática de las últimas iniciativas del grupo: el proyecto HidroAysén. Asociados con Endesa, su idea es construir en la Patagonia cinco centrales hidroeléctricas que generarán, en conjunto, 2.750 Mw para el hambriento sistema energético nacional.

Según el cronograma, en marzo próximo debieran presentar el Estudio de Impacto Ambiental que está listo casi en un 80% y la primera central debiera estar operando en cuatro años más. Matte está convencido de que cumplirán estos plazos autoimpuestos, pese a la fuerte arremetida comunicacional de las ONG que están detrás de la campaña Patagonia sin Represas.

¿Qué tanto le preocupa la campaña que están realizando los ambientalistas?
Es parte de las reglas del juego. Si hay gente que estima que no se deben hacer las centrales, me parece normal y legítimo. Sabemos que han gastado millones en la campaña y dicen que plata no les va a faltar. Y creo que eso es verdad, porque aquí hay plata extranjera. Están juntando buenas lucas y haciendo un buen negocio. A ellos la Patagonia les sirve para levantar fondos en Estados Unidos, que es donde se financian estas ONG. Pero en Chile se están construyendo varias otras centrales, sobre todo a carbón, que es la energía más contaminante, y ningún ambientalista reclama por el tema.

Pero aquí lo relevante es que es la Patagonia, un lugar intocable.
Más que intocable. Llevar gringos a Coronel o a Ventanas no tiene ningún brillo, no se consiguen lucas para eso, pero sí para la Patagonia. Dicen que les preocupa la inundación, pero al final lo que queda es un lago, que no es algo que atente contra el medio ambiente de manera brutal. De hecho, la gente de inmediato se empieza a comprar sitios a la orilla del lago. Sólo basta ver Rapel. En todo caso, la parte inundada es mínima. En proporción, es como si en la Región Metropolitana se inundara una superficie similar a una cancha de fútbol.

Hace algunos meses anunciaron que el proyecto pasaba de inundar nueve mil hectáreas a 5.900. ¿Es posible reducir aún más la superficie?
No. Ese es el mínimo. Aquí ya raspamos la olla en cuanto a inundación.

¿Qué fue decisivo en esta reducción? ¿Los estudios del MOP?
Cuando hicimos la asociación con Endesa decidimos ir a la zona y darle una mirada al proyecto no desde el punto de vista de la ingeniería, sino del medio ambiente.

¿Una especie de sello Matte?
No, porque esto fue una cosa de común acuerdo con Endesa. Decidimos meterle todos los elementos que hay que considerar para hacer un proyecto de cualquier tipo. Hoy en el mundo no se puede hacer un proyecto si es que no se le incorpora la mirada del medio ambiente y la comunidad. El mundo ha cambiado en ese sentido.

Sin embargo, el mayor temor de los ambientalistas es que si se da luz verde a HidroAysén se comience a represar toda la Patagonia. Las eléctricas ya compraron todos los derechos de agua de los ríos de la zona.
No creo que suceda. Uno no puede llegar y construir centrales en cualquier parte y decir “en cada río se hace una represa”. No se puede. También tenemos que traer la energía y la línea de transmisión que vamos a construir ya está copada, no puede sumarse otro proyecto. Para más centrales se necesitan más líneas, y eso no es tan fácil. Pero todo esto es un juego de opciones, sobre el tipo de electricidad que queremos tener. Si Chile no quiere que se hagan las centrales en Aysén, no se hacen. Pero tenemos que estar conscientes de que si no es así es necesario realizar algo más, sean centrales nucleares o a carbó2n.

Usted ha dicho varias veces que sin centrales en Aysén se corta la luz.
Lo que he dicho es que si no se hace hay que reemplazarlo por algo. Pero esos reemplazos dañan más al medio ambiente que nuestro proyecto. Lo que no se puede hacer es reemplazarlo con energías renovables no convencionales. Eso no lo duda nadie. Por un tema de tecnología y porque es mucho más cara. Para la gente no es lo mismo pagar una cuenta de diez lucas que una de veinte. Los grupos ecologistas son rebuenos para criticar y no proponen nada.

Lo que ellos plantean es cambiar el actual modelo de desarrollo.
Ese es otro tema. Ellos creen que el mundo está sobredesarrollado, y para eso lo principal es detener la energía y el crecimiento. Están en su legítimo derecho, pero no estoy tan seguro de que sea lo correcto. Mi dicho es que no hay ecologista pobre y para ellos es refácil decir “detengamos el crecimiento”. Como Tompkins, que tiene 300 millones de dólares en el bolsillo. Yo no sé si un estudiante de Puente Alto esté de acuerdo con esa teoría. Es normal que hagan esta arremetida. Pero si crees que pienso que los gringos pueden parar el proyecto, yo creo que no.

Usted siempre le pega palos a los gringos que van a la Patagonia a tirarse en balsa.
A mí también me encanta tirarme en balsa, pero creo que la energía de Chile no la van a decidir ellos. La gente de Coyhaique sabe que los extranjeros se tiran en balsa, encuentran todo precioso y se van. Están acostumbrados a eso. Y podrá venir una actriz muy bonita, sería ideal que en bikini, y punto. No me hago mala leche por eso. Pero soy un convencido de que Chile debiera desarrollar un modelo energético basado en energías renovables. Por eso admiro el modelo de Nueva Zelandia, que también utiliza harta agua, que es una energía limpia y renovable.

Dentro de esta estrategia, ¿usted deja fuera la energía nuclear?
Sí, porque los más optimistas reconocen que antes de quince años no puede haber energía nuclear en Chile. Antes se requiere el conocimiento y los profesionales, y eso no lo tenemos.

Quienes hacen lobby por la energía nuclear dicen que el plazo es mucho menor.
Los vendedores de máquinas dicen ocho años, pero ellos están interesados en que compren sus productos. Nadie duda de que hasta el año 2020 por lo menos no habrá energía nuclear en Chile. Y yo espero no estar trabajando en 2020. Pero como empresario me tengo que preocupar de que en tu casa haya luz mañana. En todo caso, preferiría no tener una planta nuclear junto a mi casa. Si me preguntas si prefiero una central hidroeléctrica o una atómica, no lo dudo ni un segundo.

Cien razones sociales

¿Cómo observa todo el conflicto que se generó entre Codelco, la Dirección del Trabajo y los subcontratistas?
No sé si lo que está haciendo Codelco está bien o mal, no tengo suficientes antecedentes como para dar una opinión al respecto. De minería no sé nada. Pero en las forestales tenemos subcontratistas y nos hemos preocupado de solucionar los conflictos antes. Eso es lo que hay que hacer. Uno tiene que tener claro que las empresas subcontratistas deben de cumplir con la ley y entregar buenas condiciones de trabajo. Y en eso nos hemos preocupado hasta de los más mínimos detalles.

No todos los empresarios están en la misma postura. Muchos usan la subcontratación como un subterfugio.
Siempre habrá empresarios malos, hay de todo, pero no es la mayoría.

¿Qué le parece que algunas grandes empresas utilicen cientos de RUT o razones sociales para evitar que se fortalezca la negociación colectiva?
Nosotros no hacemos eso, porque me parece mal. Es muy probable que en su momento haya sido una opción legítima, pero hoy no lo es. No es razonable que una empresa tenga 150 RUT. Sí defiendo la especialización. Por ejemplo, en la Papelera subcontratamos la venta de productos tissue, que es muy distinto a lo que se hace en el rubro forestal mismo. Que existan dos RUT distintos en eso me parece legítimo y normal, porque son empresas diferentes con giros distintos. Pero que dentro de la empresa forestal tenga un RUT por cada bosque me parece completamente ilegítimo.

Varios supermercados utilizan un RUT para un supermercado y otro para uno de la misma empresa que está a dos cuadras.
Eso no lo entiendo, no encuentro la explicación. No es correcto. Pero creo que este tema de los múltiples RUT se va a ir terminando.

A Lider le han pedido mil veces que termine con eso y no lo ha hecho.
Creo que lo van a ir terminando. No tengo nada que ver con Líder, pero imagino que van a cambiar ese sistema. Una vez le pregunté a una persona de Lider y me habló del origen, de que en Arica era distinto que en Punta Arenas. Pero no hay explicación de por qué un supermercado en Vitacura tenga un RUT distinto a otro de la misma cadena que está en Las Condes. Se van a tener que adaptar y eso tiene que ser rápido. El Gobierno ha dado señales claras de que no quiere esto.

“Piñera debe dejar los negocios”
Hasta hace algunos años, Bernardo Matte estuvo ligado estrechamente a la política. Participó en la creación de Renovación Nacional junto a sus amigos Andrés Allamand y Alberto Espina, e incluso Ricardo Lagos lo llamó para formar parte del directorio de TVN. Ese fue el último de los cargos políticos que ocupó. “Ahora estoy súper alejado. Soy de los que creo que la política y los negocios son incompatibles”, asegura.

–Usted alguna vez se declaró “allamancista”. ¿Sigue siéndolo?

–Soy muy amigo de Andrés, porque fuimos compañeros de colegio y amigos toda la vida. Pero llegué a un punto en mi vida en que o me dedicaba a los negocios o a la política. Y aunque no soy militante, sigo teniendo mis amigos en RN.

–¿Leyó “El desalojo”, el libro de su amigo?

–Me pareció un buen libro con un título desafortunado. La tesis me parece políticamente correcta. Con cualquier Gobierno, la oposición tiene como misión reemplazar al que está gobernando.

–El tema es cómo reemplazarlo.

–Lo que plantea Andrés son una serie de motivos por los que la Concertación debiera ser reemplazada en las próximas elecciones. Pero el término desalojo creó confusión, porque acá tiene la connotación de que llegan los pacos y te sacan a patadas.

–¿Qué le parece la tesis opuesta, la de los bacheletistas-aliancistas?

–Creo poco en eso. Son palabras para que la prensa lo bombee. Joaquín Lavín siempre ha tenido una posición colaborativa en general, es poco peleador, pero a Pablo Longueira le creo poco. A las personas uno les tiene que juzgar por su historia, no por una palabra.

–¿Usted ve a Lavín como candidato de la UDI?

–Posiblemente eso es lo que quiere y me parece normal.

–¿Su candidato presidencial sigue siendo Sebastián Piñera?

–Es mi candidato y mi amigo. Pero soy de los que creo que Sebastián debe dejar los negocios y vender. Para él, vender todo no es fácil, porque tiene el bicho emprendedor dentro, y por eso mismo puede ser buen Presidente. Pero tiene que separarse de los negocios, porque existen conflictos de interés. Creo que si sale electo tendrá que deshacerse definitivamente de sus negocios.

Definiciones de un Matte
Michelle Bachelet: “Creo que la Presidenta ha sufrido mucho con algunos problemas por todos conocidos, sobre todo con el Transantiago. Por ella siento mucho respeto y simpatía y creo que está muy jugada por Chile. No le han tocado tiempos fáciles. Le deseo que le vaya lo mejor posible en estos dos años que le faltan”

Gabinete: “Creo que el Gobierno tiene un equipo humano de muy buen nivel. En muchas áreas hay muy buenos ministros. Por ejemplo, el ministro Marcelo Tokman en Energía lo ha hecho muy bien”.

Reforma previsional: “Soy la oveja negra de los bancos, porque soy contrario a que manejen fondos de pensiones. Me parece bien el curso que tomó la discusión y entiendo que la entrada de los bancos no será aprobada. Para mí, el sistema de AFP es la base de la seguridad social de un país. Pero los bancos tienen un interés opuesto, porque su giro es prestar plata y hacer que la gente consuma. Las AFP hacen lo contrario y obligan a ahorrar. Por eso, juntar dos instituciones cuyos intereses son completamente opuestos terminaría induciendo a que la gente se gaste los ahorros de la previsión”.

AFP estatal: “Creo que es una muy mala idea. Antes el sistema de AFP estaba en manos del Estado y usaba la plata para cualquier cosa menos para las pensiones. Aquí pasaría lo mismo. En la primera crisis económica, a lo primero que echaría mano el Estado es a la plata de las pensiones. Así pasó en Argentina. Prefiero que se deje de lado esa tentación”.

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CIA

Diciembre 22, 2007 · 1 Comment

La CIA, cerca de ser sólo cenizas

 Por Tomás Eloy Martínez

Nadie sabe cuánto daño le han hecho a la paz del mundo los agentes y directores de la CIA. Sin duda, más del que se sabe, pero menos del que se llegará a saber cuando se debilite la omnipotencia con que dispuso de vidas humanas y gobiernos cómplices en todos los continentes, desde que Harry Truman la fundó, en 1947.

La CIA ha encendido la imaginación de incontables libretistas de Hollywood y de novelistas de toda laya, algunos meros comerciantes afortunados, como Tom Clancy y Robert Ludlum, y otros verdaderamente grandes, como Graham Greene y John Le Carré. También desató la paranoia de panfletistas sin información y de políticos oportunistas. De cada brote de miedo, la CIA obtuvo beneficios que le permitieron comprar más conciencias, sumirse en más pantanos de corrupción e imponer dictaduras indignas en países que estaban levantando cabeza. Todos esos secretos, que se mantuvieron bajo una llave envenenada durante más de seis décadas, acaban de salir a la luz en un libro tan abrumador como escalofriante: Legacy of Ashes. The History of the CIA (Legado de cenizas. La historia de la CIA).

El autor es Tim Weiner, corresponsal en Washington de The New York Times y quizás el mejor dotado de los periodistas norteamericanos en temas de inteligencia. Ya había ganado un Pulitzer en 1988. Sabe tanto del tema, que la CIA debió de haber hecho lo imposible para evitar que se publicara este libro.

Es una novela tan apasionante como verdadera. En conjunto, Weiner revela que la arrogancia, la inepcia y el desdén por el mundo de unos dos mil agentes –asistidos por un número impreciso de empleados: por lo menos 20 mil– indujeron a 11 presidentes de EE.UU. a tomar decisiones equivocadas, involucrarse en conspiraciones delirantes y arrastrar a la muerte a cientos de miles de personas en Asia, África, Europa y América latina. La CIA merece mucha de la pésima reputación que se ha ganado en el mundo, pero no toda. Algunos de los altos dirigentes de Washington han ganado también un sitio en el cuadro de honor –o deshonor– por haber creído en mentiras evidentes que convenían a sus intereses.

Los tiempos han ido desplazando la brújula de esos intereses. El primer fantasma contra el que se combatió fue el poderío bélico de la Unión Soviética, que desnudó su fragilidad al caer el Muro de Berlín, justo cuando la Agencia asustaba a Ronald Reagan con el cuento de una fortaleza política y una expansión económica crecientes. Luego, se agitó el espantajo de la expansión comunista en África y América latina, lo que impidió una política de diálogo y buena voluntad entre Estados Unidos y el Congo de Patrice Lumumba, la Guatemala de Jacobo Arbenz y el Chile de Salvador Allende. Tras los ataques del 11 de septiembre de 2001, el terrorismo fundamentalista, último de los fantasmas adversarios, se ha vuelto tan difícil de investigar y de infiltrar, que el poder de la CIA ha ido pasando a manos del Pentágono y de corporaciones de ex agentes clandestinos.

El terrorismo islámico y el desconcierto del gobierno harían que la Agencia recomendara los interrogatorios con tortura y el aislamiento de los sospechosos. Weiner explica que la degradación sobrevino desde que las operaciones encubiertas de la Agencia se hicieron con el asesoramiento de agentes educados por instructores nazis y fascistas sin escrúpulos, algunos de los cuales eran también maestros en una escuela situada en Los Fresnos, Texas, de la que salieron los escuadrones de la muerte que asolaron Honduras y El Salvador.

De todos los directores de la CIA, uno de los pocos cuya integridad defiende Tim Weiner es Richard Helms, el agente al que John y Robert Kennedy responsabilizaron por el fracaso de la invasión a Playa Girón. En 1962 circulaban por los pasillos de la Casa Blanca los más disparatados planes para liquidar a Castro. A Helms no le gustaba ninguno. Pensaba que un crimen político en tiempos de paz era una intolerable aberración moral. “Si empiezas asesinando a un líder extranjero”, diría Helms, “¿por qué los de afuera no tendrían derecho a matar también a uno de tus propios líderes?”.

Uno de los fiascos más desastrosos de la Agencia fue haber convencido al gobierno de George W. Bush de que el gobierno de Saddam Hussein estaba fabricando armas químicas y nucleares de destrucción masiva. Todas las evidencias contrariaban esa hipótesis, pero los asesores de Bush no necesitaban argumentos. Ya estaban seguros de que las cosas eran así. El presidente tenía a Hussein entre ceja y ceja desde que la CIA le atribuyó un complot para asesinar a su familia en 1993. En abril de ese año, Bush padre –el ex presidente– viajó con su esposa y dos de sus hijos a Kuwait, para conmemorar la victoria en la Guerra del Golfo. La policía secreta kuwaití arrestó a 17 hombres y los acusó de tramar la muerte de los Bush con una bomba plástica de 90 kilos que estaba escondida en el vehículo que los llevaba. Los supuestos conspiradores declararon bajo tortura que la inteligencia iraquí había tramado el crimen, y los técnicos de la CIA confirmaron que la bomba había sido armada por soldados de Hussein.

Lo que no verificaron esos expertos era que la banda de conspiradores no estaba integrada por fanáticos del dictador de Bagdad, sino por traficantes de hashish, contrabandistas de whisky y veteranos de guerra mercenarios. Bush hijo creyó en la versión de la CIA y nunca le perdonó a Hussein el atentado.

Si la Agencia muere derrotada por sistemas de computación que se cuelan en todas partes y son de una eficacia insuperable en la conspiración y el espionaje, pocos seres humanos van a lamentarlo. La excepción serán, sin duda, los 20 mil empleados que trabajan en la central de Langley, Virginia –y los desamparados libretistas de Hollywood–.

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