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“Augusto Pinochet se despide de este mundo como un fugitivo de la justicia”

Octubre 10, 2007 · No Comments

“Augusto Pinochet se despide de este mundo como un fugitivo de la justicia”, sostuvo el abogado Joan Garcés, quien a finales de la década pasada impulsó en España el primer juicio contra el general que derrocó al presidente constitucional chileno, Salvador Allende, el 11 de septiembre de 1973.

El abogado valenciano Joan Garcés fue uno de los asesores personales más cercanos a Allende, lo que le convirtió en testigo de excepción de la época más trágica de la historia contemporánea de Chile. El golpe de Estado encabezado por Pinochet, el bombardeo del presidencial palacio La Moneda y el asedio de las fuerzas militares y empresariales al gobierno socialista fueron acontecimientos que vivió y sufrió en persona.

Desde su salida clandestina de Chile, Garcés se convirtió en una de las voces más acreditadas del exilio y del ideario de Salvador Allende, hasta el punto de que en 1998, él mismo, acompañado de un grupo de abogados e intelectuales, impulsó desde Madrid el primer proceso judicial contra el ex dictador chileno, que derivó en su primera detención en Londres.

A unas horas de la muerte de Pinochet, Garcés explicó a La Jornada lo que representó su régimen y lo que queda por hacer en el futuro para alcanzar el viejo sueño de justicia y reparación a las decenas de miles de víctimas de la represión de la dictadura chilena.

­¿Qué representa para usted la muerte de Augusto Pinochet?

­Que una persona fallezca a los 91 años de un ataque al corazón no me merece en lo personal ningún comentario. Lo interesante es el contexto: deja detrás un legado de símbolo de una de las fases más negras y represivas de la historia de los pueblos hispánicos, en particular de América Latina. La destrucción en sus raíces de la estructura republicana y democrática del Estado de Chile va a necesitar todavía muchos esfuerzos para superarla.

“Pero también hay que agregar que Augusto Pinochet se despide de este mundo en circunstancia de que es un fugitivo de la justicia, con órdenes internacionales de detención cursadas a Interpol desde varios tribunales de justicia y bajo arresto domiciliario en su propio país por otros crímenes”.

­¿Esta muerte le ha hecho recordar aquellos días de la toma de La Moneda, cuando estaba tan próximo al presidente Allende y al propio Pinochet?

­Primero quiero señalar que nunca tuve ocasión de conocer personalmente a Pinochet, ya que mi contacto era con su superior, el comandante en jefe del ejército en aquel momento, que era el general Carlos Prats, a quien Pinochet mandó asesinar en 1974 en Argentina.

“Digamos que yo nunca he sostenido ningún tipo de sentimiento personalizado respecto de Pinochet. Siempre lo he visto de la forma más objetiva, desde el punto de vista de su responsabilidad política al haber impedido que el 11 de septiembre de 1973 el presidente Allende convocara un referéndum nacional para que democráticamente los ciudadanos decidieran en las urnas el camino que querían seguir. El tenía conocimiento de la intención del presidente de dar ese mensaje al país, así que adelantó el golpe de Estado para evitar este pronunciamiento.

“De modo que su responsabilidad política en la interrupción del desarrollo político del país es única y singular, como también lo es su responsabilidad como jefe máximo de la estructura criminal que estableció a partir de esa fecha, que solamente la hemos logrado romper a partir de la colaboración judicial internacional desde 1998″.

­¿Cree que para superar la división en la sociedad chilena es imprescindible que se haga justicia con las víctimas de la represión?

­Lo importante de situaciones de crisis en los países es la manera en que busca resolver esa situación. Hay maneras civilizadas y bárbaras. Hay maneras democráticas que salvaguardan los derechos fundamentales de las personas, y hay criminales. Digamos que Pinochet aprovechó una coyuntura de crisis política para hacerse con el poder a sangre y fuego e implantar una dictadura extraordinariamente represiva en lo social, en lo económico, en lo político y también en lo que se refiere a los crímenes comunes.

“Los crímenes los cometió una estructura organizada, que tenía al frente a Pinochet pero en la que colaboraban otras personas, algunas de ellas acusadas ante distintos tribunales. Así que lo que cabe es esperar a que continúen esos procesos, de forma que la desaparición del jefe de la banda no interrumpa el trabajo de la justicia. La exigencia de justicia es natural y va a continuar. Los efectos de hacer justicia son positivos para toda la sociedad”.

­¿Qué añade al historial delictivo de Pinochet los recientes hallazgos sobre presuntos hurtos al erario público chileno?

­Una vez más, gracias a las investigaciones que se han hecho desde fuera de Chile también ha sido descubierto lo que muchos pensábamos pero que ellos negaban: que fue el gobernante más corrupto de toda la historia de Chile. A nivel histórico de Chile no ha habido ningún responsable político que haya cometido los latrocinios que él cometió.

“De modo que hay coincidencia en ambos niveles: crímenes de lesa patria, contra el sistema democrático y republicano, contra el derecho a la libertad y a la vida, y crímenes contra el erario público. Pinochet no dejó de explorar ninguna de esas vías.

“Hay procedimientos civiles abiertos que afectan a algunos familiares de Pinochet, eso naturalmente seguirá, pero lo que se ha extinguido ­con su muerte­ es la responsabilidad penal individual, pero no la civil, que puede afectar sin duda a sus familiares”.

­Usted que vivió aquellos años junto a Salvador Allende, ¿por qué cree que daba tanto miedo el proyecto político que representaba?

­Eso lo definió claramente Henry Kissinger, cuando era secretario de Estado de Estados Unidos en aquellos años: era una revolución que avanzaba con más democracia, participación social y mayor respeto a las libertades que ninguna otra. Eso no les gustaba nada, evidentemente, a los partidarios de mantener las estructuras tradicionales. Era una vía nueva y un ejemplo para otros países de la región, incluso de Europa, y eso lo quisieron estrangular haciendo un escarmiento sobre el pequeño país latinoamericano.

“Pero la voluntad de los pueblos latinoamericanos de desarrollo social y democrática no la pueden apagar. La pueden, si acaso, contener temporalmente por la vía de la represión, pero son coyunturas que dejan paso a otras circunstancias y otras generaciones siguen adelante con los mismos ideales. Pinochet representó un dique temporal mantenido de manera sangrienta, pero es evidente que ese dique no podía ser indefinido y los hechos han demostrado que no lo ha sido”.

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Raúl & Angelo

Octubre 8, 2007 · No Comments

Ayer los cocodrilos se vistieron de gala y se sentaron en la mesa. En la nave central de la Catedral de Santiago, con todo su peso emotivo y simbólico, ejecutaron un acto de impostura perfecta. El arte de la diplomacia es el arte de las omisiones, las elipsis y los silencios. No se le puede exigir a un diplomático que diga la verdad y nada más que la verdad, pero sí que no mienta al descampado. Sólo en la erótica narcisista de la omnipotencia, cuando hay una pizca de más de sensación de impunidad, los embajadores pierden las formas. Angelo, un diplomático proprio vaticano con la piel muy gruesa y seca, ayer las perdió todas. Lo que ocurrió en el templo mayor de la iglesia católica chilena fue sencillamente carnicero, bestial.

Angelo, el purpurado que vacacionaba en Bucalemu con Pinochet, el sigiloso operador que fue fotografiado riendo con un ministro del Interior mientras tres sacerdotes eran expulsados del país, presidió ayer el homenaje oficial a su mayor enemigo. Porque eso fueron, y ambos lo sabían, y de esa pugna shakesperiana supieron todos en los pasillos y las parroquias chilenas. Fueron varios los testigos y muchos los autores que han documentado el episodio de mayo de 1983, cuando un humillado Raúl dejó el cargo de arzobispo de Santiago cerrando con un portazo ante las narices impertérritas de Angelo. Cristalizaba allí, físicamente, una lucha sin cuartel de muchos años.

Raúl vivió el momento crucial de su vida cuando se plantó frente a Pinochet.

¿Dudó?

¿Tuvo miedo?

¿Cuántos chilenos de todos los pelajes, creyentes y no creyentes, le deben la vida?

¿Cuántos rescataron desde las cenizas, con él, su propio coraje?

Creador del Comité Pro Paz, de la Vicaría de la Solidaridad, de la Academia de Humanismo Cristiano, de la Pastoral Obrera, de las revistas Análisis y Solidaridad, Raúl fue extorsionado, amenazado de muerte, despojado del cargo de Gran Canciller de la Universidad Católica, tapado de diatribas por las autoridades y por la prensa.

Una tarde lloró: cuando a fines de 1973 visitó a los prisioneros en el Estadio Nacional.

Raúl supo muy temprano que tenía un enemigo, y lo dijo y lo repitió en su círculo íntimo. Mientras vivió el Papa Paulo VI, él llevó las de ganar. Cuando irrumpió Juan Pablo II, le llegó la revancha al Nuncio en Chile entre 1978 y 1988, el comisario que “espiaba” las Conferencias Episcopales y enviaba a Roma informes y listas negras, el clérigo afectado que desde las sombras acabó introduciendo en el Episcopado chileno a una generación completa de jerarcas ultraconservadores, muy inflexibles en lo moral, muy tolerantes con Pinochet (Jorge Medina, Joaquín Matte, Patricio Infante, Javier Prado, Antonio Moreno, Adolfo Rodríguez).

Como premio Angelo fue nombrado secretario de Estado, número dos del Vaticano, donde siguió articulando nombramientos obispales (Rafael de la Barra, Cristián Caro, Luis Gleisner, Felipe Bacarreza, Renato Hasche).

“En Roma se jactaba de seguir ocupándose personalmente de los nombramientos en Chile”, comentaría el periodista italiano Italo Moretti, reconocido especialista de asuntos vaticanos, quien contó además cómo algunos años antes Angelo había tratado de sacarse de encima a Raúl pidiéndole a Wojtyla que lo metiera en Roma en algún despacho.

El hombre de la sonrisa belfa tuvo enfrentamientos duros con Raúl. Uno de los principales, según un relato del sacerdote Agustín Cabré, fue cuando Angelo se opuso tenazmente a la mediación papal entre Argentina y Chile, en 1978, en momentos en que estaba a punto de estallar la guerra, con el argumento de que una gestión de esa naturaleza podría dañar el prestigio del Papa. Finalmente sí hubo mediación, y no hubo guerra, y Raúl encogió los hombros cuando le contaron que Angelo después apareció en la prensa como el “gran gestor” de la mediación triunfante. El truco es conocido. Todavía hoy Angelo tiene fama en Roma de haber sido gran enemigo de Pinochet.

“No sé quién habrá inventado la mentira de que tuvimos roces con Raúl, sé que en Chile no hay mentirosos”, dijo Angelo, el miércoles, cuando aterrizó en Pudahuel, y ayer, en la Catedral, estuvo flanqueado nada menos que por Jorge Medina, su belicoso mandadero. Conmovido, le agradeció a Francisco Javier Errázuriz “la invitación a presidir la ceremonia” de celebración de los cien años del nacimiento de Raúl, y se las arregló increíblemente para hacerlo sin mencionar una sola vez la palabra derechos humanos, y todos sonreían, aunque ni sus amigos ni sus enemigos le creyeran ya una sola palabra.

Categories: DD.HH. · Politica
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“En defensa del caído”

Octubre 8, 2007 · No Comments

El martes de 2 de octubre, en la sección cartas, de “El Mercurio”,  Francisco Javier Errázuriz (Arzobispo de Santiago) responde con dureza el artículo que escribiera Carlos Peña. Propone que “Es fácil desconocer la realidad para construir una imagen ficticia” , y establece como defensa del cardenal Sodano: su trabajo de 16 años junto al Papa Juan Pablo II,  sus críticas a Ariel Sharon, en la crisis con Yasser Arafat;  recuerda una carta enviada por el secretario de estado a Fidel Castro, pidiendo clemencia hacia ciudadanos cubanos, etc.  Finalmente culmina su mensaje, invitando a Peña a opinar de sus temas y no inmiscuirse en lo que no entiende,  rematando con una frase poco afortunada  “Pastelero, ¡a tus pasteles!”.

La Defensa de Errázuriz  no asume ni responde de la actuación del prelado,  en el tiempo que le correspondió ejercer su cargo, en Chile. Tampoco responde,  ni se pregunta por la afectuosa carta dirigida por el alto dignatario al dictador, donde escribe que ha recibido del pontífice “la tarea de hacer llegar a Su Excelencia y a su distinguida esposa el autógrafo pontificio aquí incluido, como expresión de benevolencia particular”. “Su Santidad – añade – guarda el conmovido recuerdo de su encuentro con los miembros de la familia en ocasión de su extraordinaria visita pastoral a Chile”. Y concluye confirmando al ex dictador “la expresión de mi más alta y distinguida consideración” (ver Adista n. 48/93).  

Sus comentarios,  sobre la posibilidad o no de opinar sobre diversos temas, es penosa, e incluso restrictiva y contraproducente para la propia iglesia.  Bajo ese argumento,  la senadora Mathei, tenía absoluta razón en cuestionar a monseñor Goic, por opinar “de cosas que no entiende”;  el esfuerzo del cardenal por presentar a Sodano como candidato al premio Nóbel de la Paz o futuro santo patrono de los perseguidos y violentados del mundo, resultan bochornosos.
 
Sin embargo, el irrestricto apoyo  al secretario de estado  hecho por un integrante de la jerarquía eclesial chilena, es entendible, pero doloroso, porque desconoce o pasa por alto  el martirio de quienes hicieron de la fe, impregnada en una iglesia liberadora, una opción de vida; se defiende con ello  el accionar de  un hombre que conspiró contra quienes levantaron de manera más decidida su voz  contra la dictadura,  elaborando listas negras, interviniendo de manera indebida en decisiones concernientes a la iglesia chilena, presionando a congregaciones y obispos diocesanos para alargar los días del dictador  a costa de la violación a los derechos humanos.

De ahí, que al caído lo defiendan sus pares,  un grupo selecto de empresarios y hombres ligados a la dictadura y al Opus Dei como: Eleodoro Matte, Ricardo Claro, Enrique Barros, Roberto Angelini, Guillermo Luksic, entre otros, usando, para mi sorpresa, y hay que reconocerlo, las humildes líneas de las cartas al director, pudiendo pagar una inserción o derechamente llamar a “Don Agustín” para que pusiera “orden” en su feudo; tal vocación democrática y sencillez,  asumida por los dueños de Chile,  no hace más que generar suspicacias,  sobre las consecuencias de una columna de opinión,  leída en lo medular por un número ínfimo de chilenos.

¿De qué se le acusa finalmente al profesor Peña entonces? De decir públicamente que el Secretario de Estado Vaticano Ángelo Sodano “es  el epítome del cálculo y del sentido de estado, capaz de comulgar si fuera necesario para el poder de la iglesia, con ruedas de carreta o algo peor”  y de definirlo como “un tipo que hacía carrera en el Vaticano, timbraba papeles, transmitía ordenes, se estiraba la sotana y se peinaba con cuidado de galán”.  Una inflexión literaria como esa,  no me parece tan grave, ni tan audaz,  como para ser condenada con tanta histeria.

A mi juicio el único error de Peña  es el paralelo poco feliz que se pretendió hacer  entre el Cardenal Silva Enríquez y el Secretario de Estado  A mi juicio el sólo intento de comparación es un abuso,  porque nuestro cardenal, “el del pueblo”,  merece ser comparado con hombres de la talla del connotado obispo brasileño don Helder Cámara,  quién fuera llamado “el hermano de los pobres”  o con el obispo chileno Enrique Alvear,  hombre de una contundencia ética y religiosa,  pocas veces vista,  en la historia de la jerarquía eclesiástica chilena. 

Se puede decir entonces  que el señor  Peña,  en su símil,  hiere la sensibilidad  del señor secretario de estado,  porque pretende poner en un mismo pie a un funcionario,  por loable que sea su embestidura, con hombres de la talla moral y religiosa como los antes nombrados.  Denota falta de compasión,  con quienes cumplen importantes labores con la institución eclesiástica, aunque con ello y desde su analfabetismo religioso,  recuerde sin saberlo y tal vez, por gracia del espíritu,  esa dura verdad del evangelio “Al contrario, el que quiera ser el más importante entre ustedes,  que se haga el servidor de todos” Marcos 10,43.   

Omar Cid
Centro de Estudios Francisco de Bilbao 

Categories: Análisis · Politica

CASO CLARIN

Octubre 1, 2007 · No Comments

Hasta ahora todo indicaba que Chile tenía el éxito asegurado en una de sus mayores batallas judiciales: la demanda que Víctor Pey -ex asesor de Salvador Allende- interpuso ante un organismo internacional para que el Estado chileno le pague US$ 515 millones como indemnización por la pérdida del diario Clarín durante el gobierno militar. Hoy, sin embargo, el escenario cambió, y el abogado Jorge Carey, designado por Ricardo Lagos para el caso, reconoce que el primer borrador de la sentencia es adverso para el país. En esta entrevista Carey revela los pormenores de un caso que, dice, se ha politizado.

Hace nueve años, Víctor Pey -quien fue secretario personal de Salvador Allende- interpuso una de las mayores demandas que ha enfrentado el Estado de Chile: pidió que se lo indemnizara con US$ 515 millones por la confiscación del diario Clarín después del golpe de Estado. Hasta hoy Pey asegura que entonces era el único dueño del medio. El recurso quedó en manos del Centro Internacional para el Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones (Ciadi), en Washington.

Aunque en un primer momento la defensa del Estado chileno estuvo en manos de Roberto Mayorga, cuando Ricardo Lagos llegó al gobierno le pidió personalmente al reconocido abogado Jorge Carey que asumiera la causa. Socio principal de Carey y Cía, el mayor estudio de abogados de Chile, el profesional tiene experiencia en asuntos internacionales: fue abogado del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, y director de centros de estudios legales en Estados Unidos.

Desde entonces todas las señales han apuntado siempre a un triunfo seguro de Chile. El propio ministro de Economía, Alejandro Ferreiro, lo estimó así hace sólo dos meses. Hoy, sin embargo, el escenario se habría revertido, y Carey lo reconoce públicamente por primera vez: “Estamos enfrentados a un alto riesgo de perder el juicio”, dice.

Su pesimismo se debe a que en noviembre pasado, el tribunal del Ciadi les mostró a las partes un borrador del fallo, el cual hasta hoy se ha manejado con total hermetismo. “La sentencia preliminar era adversa para Chile”, dice, molesto, el abogado, quien en todo caso asegura no haber perdido “la esperanza de que el tribunal revierta el contenido del borrador y falle a favor de nuestro país”.

Carey cree que el juicio ha sido parcial e injusto, y que se han pasado a llevar tres elementos cruciales: “Víctor Pey es chileno y, por lo tanto, no puede acudir al Ciadi, que es únicamente para casos de extranjeros. Además, nunca fue dueño del Clarín y, por último, el tratado entre Chile y España para proteger las inversiones, que rige desde 1994, no es retroactivo”.

También alude a otro factor que ha perjudicado a Chile. “El representante de Pey, Joan Garcés, logró politizar el caso por la simpatía que despierta Allende y la antipatía que genera Pinochet”.

- Si las autoridades de gobierno sabían que la sentencia venía adversa para Chile, ¿por qué Alejandro Ferreiro declaró hace dos meses que era imposible que Chile perdiera?

- Aún existe la esperanza de que cualquier error contenido en ese borrador de fallo adverso sea rectificado. Siempre fui muy categórico en señalar que íbamos a ganar, dado que Pey es chileno y no puede repudiar la nacionalidad, porque la Constitución no permite renunciar a ella.

- Pero Pey argumenta que nació en España y que aunque obtuvo la nacionalidad chilena en 1958, renunció a ella en la segunda mitad de los ‘90, mientras vivía en Madrid.
- Nosotros llevamos al presidente del Tribunal Constitucional, José Luis Cea, a los últimos alegatos que se hicieron en París ante el Ciadi -en enero pasado- y él señaló categóricamente que las causales para perder la nacionalidad chilena son taxativas y la renuncia no está entre ellas.

- ¿Por qué, pese a ello, el Ciadi dio lugar al proceso?
- Exactamente ésa es la razón por la que creemos que este juicio siempre se debió ganar. Un tribunal que falla en derecho y que no se deja politizar debería determinar que no tiene jurisdicción para actuar. Por el contrario, están validando el intento que hace Pey de repudiar la nacionalidad chilena, lo que es un grave error jurídico. En los ‘90, la propia Fundación Presidente Allende lo identificaba como chileno, y en 1991 Pey usó pasaporte chileno para viajar a Venezuela y Estados Unidos. Incluso en 1992 se inscribió como chileno en el Padrón Electoral de Vitacura.

- ¿Cree, entonces, que han primado consideraciones políticas?
- Creo que Garcés logró politizar el caso y metió el tema de Pinochet y los derechos humanos. Introdujo el maltrato que efectivamente recibió Pey del gobierno militar, que entonces le quitó su pasaporte y le hizo cosas con las que no estoy de acuerdo. Naturalmente que por estas razones -y porque Pey era cercano a Allende- despierta simpatía, pero esto no debiera influir en los jueces.

- ¿Pero está influyendo?
- El tribunal está prescindiendo del derecho chileno para provocar el resultado que ellos quieren: indemnizar a un señor que consideran que ha sido maltratado y que en ese tiempo estaba manejando un diario, cuando las tropas entran y lo desalojan. Obviamente eso es un acto que a nadie le gusta a excepción de los marxistas leninistas que lo han hecho en Cuba y en el bloque soviético. Pienso que hay simpatías políticas y creo que el tribunal ha sentido que es odioso que un Estado le imponga una nacionalidad a alguien que claramente quiere desprenderse de ella.

Dineros checos y cubanos

Jorge Carey considera que el fallo preliminar es “una travestida legal” y que en ella, dice, influye la tendencia de los tribunales internacionales de sancionar todos los actos de expropiación y confiscación. “Desgraciadamente ésta es una batalla jurídica que se politizó por la simpatía que despierta Allende y por la antipatía que genera Pinochet. Si no fuera por eso, este juicio no podríamos perderlo”, dice.

- Se comenta que en caso de que Chile pierda, la indemnización no sería la que pide Pey, sino una cifra mucho menor, del orden de US$ 30 millones.
- De todas formas sería una derrota para el país. Claro que no es lo mismo perder por 1-0 que por una goleada de 10-0. Pero igualmente sentiría una profunda indignación de que Chile tuviera que pagarle un peso a un señor que nunca fue dueño del diario. No sólo basado en el derecho chileno, sino que también en los hechos: él jamás compró el diario para sí.

- Pey asegura lo contrario…
- Los dineros que se usaron para la compra del diario salieron desde Checoslovaquia y Cuba, lo que hoy es un hecho de la causa y nadie lo pone en duda. ¿Qué chileno tenía platas en esos países y de esa magnitud? En esa época con US$ 2 millones o US$ 3 millones (que fue lo que aproximadamente se pagó por el diario) uno podría haberse comprado Chile entero.

- Pero Pey dice que es el dueño del diario porque tiene los traspasos firmados en blanco…
- De acuerdo con la ley chilena, los dueños son los que aparecen inscritos en los registros de accionistas y el Estado de Chile determinó que no era él. Si hubiera sido dueño del diario, ¿por qué las acciones no estaban a nombre suyo sino de otras personas a las que efectivamente el Estado chileno indemnizó con US$ 9 millones?

- ¿Usted cree, como siempre se ha dicho, que Pey fue el palo blanco de Allende para comprar el diario?
- Nunca se va a saber de quién, pero no hay duda que no era el dueño. Si así lo fuera, debería demostrar de dónde venían esas platas y por qué piensa cederle el 90% de la indemnización a la Fundación Allende de España. En Chile, Pey jamás declaró ningún peso. Si hubiera ganado la plata de su sudor y lágrimas -lo que no es cierto-, ¿por qué no se la deja a sus hijos? Me provoca una profunda indignación que Chile vaya a gastar plata que necesita para escuelas y hospitales en pagarle a un impostor.

Desde que asumió el juicio en 2002, Jorge Carey ha dedicado una parte sustantiva de su tiempo al caso. Ha tenido que viajar a Washington en más de 10 oportunidades para contactarse con los abogados americanos que representan al gobierno chileno y acudir a las diversas audiencias. Trabaja ad honórem y aunque él no lo admite, un trabajo como éste le habría costado al Fisco varios millones de dólares en honorarios, dicen en la plaza. Él afirma haber seguido los pasos de su padre, quien renegoció gratuitamente la deuda externa para Jorge Alessandri. “Sentí que esto era un problema de Estado que debía asumir”, afirma. 

Además, dice que se sintió honrado al ser escogido por Ricardo Lagos -a quien conoció en los años ‘80 - para asumir no sólo el caso Clarín. También actúa como mediador ante el Ciadi hasta el 2011. Su misión es evitar que los conflictos lleguen al tribunal.

- ¿Cree que el caso era de real trascendencia para Lagos?
- Creo que no, pero al haberse armado una situación antagónica entre la DC y los socialistas respecto de Pey, se le complicó la situación. Pienso que me eligió no sólo por ser la cabeza de uno de los estudios más reconocidos del país, sino porque era miembro de la Comisión Política de RN y podía despolitizar el caso.

El eventual revés en el juicio le duele a Carey, aunque dice que está tranquilo porque ha hecho todo lo posible para que Chile gane y porque ha recibido el más amplio respaldo de todas las autoridades gubernamentales. “No todos los juicios se ganan. Y para saber ganar hay que saber perder. Cuando uno toma la defensa de una causa, está convencido que va a triunfar, pero estos señores están viendo las cosas de otra manera y hay que aceptarlo. Además de triunfos, he tenido muchas derrotas en mi vida. Dicen que la fibra de las personas se ve en las derrotas y no en los triunfos, porque ser magnánimo en las derrotas es mucho mas difícil”.

- ¿Ha estado con Joan Garcés?
- En las sesiones del Ciadi ha estado al otro lado de la mesa. Lo encuentro un hombre muy inteligente, de una verborrea muy grande y que no tiene ningún escrúpulo para no decir la verdad. No tengo una buena impresión de él. Con Pey el contacto ha sido el mismo.

- ¿Cuánto le ha costado al gobierno todo este juicio?
- No manejo las cifras, pero calculo que deben ser entre US$ 3 millones y US$ 5 millones.

- ¿No habría sido mejor negociar?
- No había una voluntad política de la Concertación para transar. Además, siempre tuvimos la convicción de que íbamos a ganar. Era un caso muy claro, y hubiera aparecido como un regalo para un impostor. Era un mal consejo transar.

- Si fallan en contra de Chile, ¿cuál es la estrategia a seguir?
- Vamos a recurrir pidiendo la nulidad, que se efectuaría en otro tribunal compuesto bajo las reglas del Ciadi. Eso podría durar dos, tres o cuatro años más. Mientras yo esté a cargo del juicio, espero que no se le dé ni un peso a Pey.

De la trinchera a general

En dos años más los 108 abogados de Carey y Cía. estarán instalados en las oficinas que compraron en cuatro pisos del nuevo edificio Titanium, en La Portada de Vitacura.

Aunque sus socios estaban reacios a cambiarse desde el centro de Santiago -donde han funcionado desde hace 20 años-, optaron por mudarse porque la mayor parte de sus dos mil clientes activos hoy están instalados en El Golf.

A sus 65 años, Jorge Carey sigue liderando importantes casos: la fusión de Masisa con Terranova; la compra que hizo Ontario Teachers de Esval y Essbío; y la reciente venta de las minas Quebrada Blanca y Carmen de Andacollo, de Aur Resources, a Teck Cominco. Además, representó a Thames Water en su conflicto con la Corfo y la salida de la transnacional de Chile, cuando le vendió Essbío a Southern Cross.

El resto de su tiempo lo dedica a los varios directorios en los que participa: es presidente de Lafarge Chile -ex Melón-, director de Masisa, Enaex, Quebrada Blanca, The Chile Moneda Fund, Hogar de Cristo y de la Corporación del Patrimonio Cultural de Chile. También es miembro del Consejo Nacional de Televisión.

- ¿Sigue encima de todos los casos de la oficina o está más en los grandes lineamientos?
- Estoy full en la oficina, pero antes estaba más en la trinchera. Hoy, en cambio, me he transformado en el abogado de mis abogados. Ahora soy el general que está detrás de ellos y a quienes apoyo en los diferentes casos en que estén involucrados. Ya no hago contratos, pero ayudo a diseñarlos. Esta nueva posición me da espacio para hacer otras cosas, como dedicar más tiempo a leer historia, lo cual es muy importante porque al final las situaciones, las dificultades que enfrentaron políticos y abogados de antaño son igual a las que ocurren hoy día.

Además, en su tiempo libre se devora la serie americana “The West Wing”, ambientada en el ala oeste de la Casa Blanca, donde se ubican los despachos de los principales miembros del equipo del presidente. “Me interesa porque habla de lealtad, traición, liderazgo, coraje para tomar decisiones, temores, depresiones, que es lo que hoy se ve en el entorno. The West Wing ha sido una especie de posgrado”, acota el abogado.

- Usted no es economista ni ingeniero. ¿Por qué cree que las empresas lo eligen con tanta frecuencia para sus directorios?
- Tengo la impresión de que, dada la gran cantidad de clientes que tenemos en la oficina y las cicatrices que tengo de guerras pasadas, además de haber intervenido en situaciones complejas de muchos clientes, me da la experiencia para abordar situaciones conflictivas. Además, creo que debo tener intuición y una dosis normal de sentido común que puede aportar una mirada distinta de las cosas.

- ¿Por qué ha apostado por hacer de Carey una oficina grande y no un estudio más estilo boutique?
- Porque nos permite crear especialidades con mayor profundidad y con un gran apoyo logístico, lo que ayuda a tener mayor cercanía con los clientes.   

- ¿Su apuesta es por la internacionalización?
- Siempre he pensado que en cualquier minuto, y tal como ha ocurrido en Brasil y Argentina, van a comenzar a llegar los estudios internacionales, que son estos monstruos americanos e ingleses que levantan a los abogados jóvenes más talentosos. Por eso nos estamos preparando, y la forma de hacerlo es creciendo para ofrecer el servicio completo al cliente. Creo que esta tendencia llegará en cualquier momento.

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